Batman: Un múrcielago en la Francia del terror [Reseña]

En 1789, el pueblo se rebela contra el absolutismo francés y estalla lo que hoy conocemos como La Revolución Francesa. Este hecho histórico, que fue el principio de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos, trajo también injusticias y miedo, y después de la revolución inicial, llegó lo que se llamó ‘El Reinado del Terror’, en el cual, la nueva clase dominante francesa (la burguesía) impuso un totalitarismo ideológico en el que todo el que se apartara una sola coma del ideario de la nueva república, era llevado a la guillotina. Aquel periodo sirvió para que en actos cainitas, con denuncias falsas por envidias o por afrentas pasadas, o por el simple hecho de que alguien te cayera mal o bien, muchos inocentes vieran cómo su cabeza era separada de su cuerpo. El miedo era el pan nuestro de cada día y el pueblo francés, representado por las clases más bajas, las cuales pedían más comida y menos ejecuciones, estaba a punto de rebelarse, o al menos de decir “basta”.

En este contexto histórico, se sitúa el cómic “Batman: el reinado del Terror“, una obra enmarcada dentro del sello “Otros Mundos” de DC Comics en el que nuestro protagonista, Bruce Wayne, regresa a París después de haber sido un héroe en la guerra y ensalzado por gente como Robespierre o Dalton, líderes de los jacobinos que imponen este estado de terror en Francia. Nuestro héroe, viendo las injusticias que se están cometiendo en el nombre de la nueva República, decide aceptar un puesto en el gobierno (para aparentar de cara a la galería) mientras, en secreto y como ya os imagináis, se convierte en Batman. Con la máscara puesta se dedicará salvar a gente de la guillotina y a enfrentarse a los jacobinos. Sobre todo a un tal Hervé Deinte, hombre cruel y con deseos sanguinarios; que es un cargo importante dentro de estos. Por su nombre, adaptado al francés, ya os imagináis quién es el principal enemigo de Batman en esta aventura.

Al estilo de la más pura aventura folletinesca del siglo XIX, el legendario Mike W. Barr (Camelot 3000, Batman: El hijo del Demonio, Batman y Los Outsiders) nos ofrece una historia que sigue la tradición más pura de gente como Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Charles Dickens o Emilio Salgari. Con los mismos argumentos y las mismas herramientas, podríamos hablar, perfectamente, que este es un cómic que adapta algún relato de los escritores antes mencionados.

Se agradece también que el guionista no tire del recurso fácil del origen del murciélago con el tema de asesinato de sus padres y su deseo de venganza. En esta ocasión, la familia Wayne es muy diferente a la que estamos acostumbrados a ver habitualmente en los cómics, ya que nos encontramos con unos padres vivos y con una hermana. Parte importante es la imagen que Barr nos brinda del padre de Bruce (y en parte de su madre), al cual siempre nos lo muestran idealizado y que en esta ocasión es un fanático jacobino defensor de las injusticias que se están cometiendo. No hay sitio para el romanticismo familiar en esta historia.

A José Luis García-López tampoco vamos a descubrirlo ahora. Un artista que no necesita presentación. Uno de los últimos dibujantes clásicos que quedan, y que nos dejó grandes etapas en Batman o Wonder Woman. Recordado, además, por su Superman principalmente y por ser el dibujante del primer gran crossover entre DC y Marvel: Spider-Man vs Superman. En esta ocasión, no podemos afirmar que es uno de sus mejores trabajos pero es que cuando hablamos de dibujantes de la categoría de este señor, hasta sus trabajos menores están a un gran nivel.

Este “Otros Mundos” llega a España con veinte años de retraso respecto a su primera aparición en Estados Unidos (Batman: Reign of Terror USA), y se agradece, a pesar del precio excesivo (en mi opinión) al que ECC Ediciones lo ha puesto a la venta, que por fin haya llegado a nosotros. Por poner una pequeña pega, tengo que decir que echo en falta ciertos personajes siniestros de la Revolución Francesa. Me hubiera gustado cruzarme con Joseph Fouché, una de las personas más sanguinarias, a la vez que atrayente -desde el punto de vista histórico- de este periodo. Su visión ambigua y traicionera de la vida y de la política, habría dado mucho juego. Es lógico, por otra parte, que en apenas 48 páginas no dé tiempo a incluir mucho más de lo que el guionista nos cuenta aquí. Lo dicho, es una pega sibarita que solo los muy amantes de la historia, y de manera muy anecdótica, podemos echar en falta en este estupendo cómic.

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