La Máquina del Tiempo, de Carlos Giménez [Retrospectiva]

El viajero a través del tiempo (pues convendría llamarle así) nos exponía una misteriosa cuestión. Se puede decir con orgullo que era un hombre extraordinario y no solo por su sabiduría y humanidad, sino porque su amor a la justicia lo llevaban a ser un permanente activista y un luchador indesmayable contra todo lo que fueran abusos o desigualdades sociales.

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Una frase suya nos dejo asombrados: “Por el futuro o por el pasado, ¿quiéren ustedes ver mi maquina de viajar en el tiempo?”. Sin más, cogió una lámpara y nos guio hasta su laboratorio. Le seguimos perplejos e incrédulos. Creo que ninguno de nosotros creyó en absoluto, ni por un solo momento en la maquina del tiempo. Siguió hablando hasta que nos citó para el siguiente jueves a la hora de cenar.

Acudimos a la cita con cierto retraso, pero faltaba nuestro anfitrión. Comenzamos a cenar al ver una nota que decía “si no llegué a la hora acordada, comiencen a cenar sin mí”. Cuando la cena estaba ya mediada, la puerta del corredor se abrió lentamente y sin ruido, apareció ante nosotros un hombre de aspecto maltrecho al que todos reconocimos. Bebió con ansia dos vasos de vino seguidos que él mismo se sirvió. Fue a cambiarse de ropa. Cuando, al poco rato, nuestro protagonista volvió al comedor, lo hizo vestido de etiqueta. Nada, salvo su mirada ansiosa, quedaba de la persona que momentos antes nos había sobrecogido. Poco después comenzó su relato. Una aventura que le había llevado al año 802.000.

Así es como comienza Carlos Giménez su adaptación de “La Máquina del Tiempo” de H.G Wells (o Herbert George Wells) un escritor, novelista, historiador y filósofo británico. Fue el autor más influyente de una incipiente ciencia ficción con obras vitales como La máquina del tiempo, La isla del doctor Moreau, El hombre invisible y La guerra de los mundos. Carlos Giménez es uno de los historietistas más importantes del boom del cómic en España. Su legado nos deja obras de varios estilos, empezando por “Gringo” en 1963, pasando por “Dani Futuro” en 1969 y su obra más reconocida, Paracuellos, la cual comienza con un primer volumen publicado en 1976 para completarse finalmente 4 décadas después, en 2017. Es precisamente en esa fecha cuando se publica en nuestro país la obra que tenemos entre manos: “La maquina del tiempo”.

El tipo de arte que caracteriza a Giménez son unos dibujos con “matices semihumorísticos”. Estos suelen ser bastante armoniosos y gratos, contribuyendo así a apaciguar cualquier recelo aunque a menudo expresen cosas terribles. Sus máximas influencias gráficas, según él mismo comenta, son autores como Milton Caniff y los dibujantes de la revista Pilote – publicación de historietas francesas de la editorial Dargaud, donde nacieron clásicos intemporales como Asterix, el teniente Blueberry, Lucky Luke o Valerian el agente espacio temporal). A dibujar mujeres, en concreto, aprendió de Pepe González; compañero suyo en “Selecciones Ilustradas” (agencia de representación artística de dibujantes de cómics e ilustradores españoles en el extranjero). En cualquier caso, Giménez se considera a sí mismo “un narrador de historias”. Según comenta: “Cada obra precisa un enfoque, planificación, concepto y técnica diferentes”. Si pretende hacer reír, se acerca más al dibujo cómico. Si es un mundo amable, como su obra “Dani Futuro”, recurre a la suavidad de líneas, a la ornamentación, al estilización y a la idealización. En cambio, en un tema de terror o misterio, recurre a las sombras y lo oscuro. El dibujo y su concepto debe estar siempre en función del tipo de historia que hay que contar, por eso esta “Maquina del tiempo” mezcla todo eso comentado antes viendo la idealización en los angelicales Elois y la oscuridad y el terror en los despreciables Morlocks.

Esta obra fue editada por la editorial Reservoir Books, con tapa dura y formato europeo de 72 páginas. Un tebeo en el que se aprecia claramente la pasión del autor por la novela de Wells. Y hace que según vas leyendo te acabe gustando mucho toda la historia. Además, tras de terminar de leer el cómic, descubriremos que la vida de los Elois y los Morlocks parece definida, pero esa organización social no es lo que parece. Por la forma de educación que tuvo Carlos Giménez en aquellos colegios de Auxilio Social de la post-guerra civil española, católico-falangista, sus lecturas fueron casuales y con una enorme pobreza cultural. Por eso cuando terminó de leer el libro de H.G Wells, le marcó tanto que no se atrevió a adaptarlo hasta hace muy poco. De ello se aprecia una adaptación realizada con mucho cariño y trabajo, que refleja con fidelidad la obra original.

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