Los verdes genes de Peter David

Los amantes del cómic de superhéroes en su vertiente más clásica deben estar de enhorabuena. La cantidad de material viejuno que se está publicando llega al punto de ser abrumadora, algo que un lector veterano como el que esto suscribe agradece sobremanera. Así, es fácil acceder a día de hoy a los materiales firmados por Stan Lee, Gerry Conway, Roy Thomas o Bill Mantlo, donde momentos de épica trascendencia en los orígenes de los personajes Marvel se suceden entre los lápices de genios como Kirby, Romita o los hermanos Buscema. Tampoco se han quedado fuera de la ecuación etapas que revolucionaban cómics ya asentados para reafirmar con maestría el estatus de ciertos personajes, a la usanza del trabajo de John Byrne en Fantastic Four o Frank Miller en Daredevil.

Incredible_Hulk Vol.1 328

En este último marco de circunstancia podríamos meter la fantástica trayectoria de Peter David en The Incredible Hulk, la cual abarcaba desde el número 331 ─realizando antes un fill in en el 328─ hasta el 467. Doce años repletos de acción, drama y grandes dosis de comedia. Y mucho ingenio, porque si en algo destacan las tramas de PAD (Peter Allen David) es de ser mucho más inteligentes de lo que a priori podría asumir uno de “un tebeo de La Masa”. En todo caso, tal fue el impacto de este genial escritor en el álter ego de Bruce Banner que, casi veinte años después, pervive con particular vigencia en la actualidad, del mismo modo por el que no pasa el tiempo con su lectura.

El Hulk gris, el Hulk inteligente, el Panteón, Maestro… las sorpresas y los bruscos cambios de sentido no cesaban en los más de ciento treinta números que guionizó. Lo genial es que David, lejos de improvisar, planeaba los arcos argumentales a años vista, teniendo en consecuencia una serie de historias plasmadas de forma excelsa, coherentes en todo momento y con resoluciones a la altura. Pero a los lectores les costó arrancar con el amigo PAD, aferrados a la línea clásica trazada por gente como Lein Wein, Roger Stern o Bill Mantlo. Para los veteranos, acostumbradísimos al monstruo verde, salvaje y tontorrón, supuso toda una convulsión el que el Hulk gris (rescatado poco antes por Al Milgrom) se hiciera con las riendas de la cabecera, revolucionando a propios y extraños con unánime disconformidad.

Un joven Todd McFarlane ayudó con su llamativo arte a que se le echara paciencia al experimento, pudiéndose comprobar al poco tiempo que Peter David y un grotesco Hulk repleto de mala leche tendrían mucho que decir. Después de una magnífica historia con el temible Líder como enemigo, nuestra bestia se convertiría en el guardaespaldas de un honesto mafioso de Las Vegas, volvería al mundo de la desaparecida Jarella, buscaría desesperadamente a una Betty metida a monja y, finalmente, vería cómo Doc Samson unificaría al Hulk verde, al gris y al enclenque Banner en una sola y poderosa entidad. Los lápices de artistas como el extravagante Jeff Purves o el espectacular Dale Keown redondearían con rotundidad el conjunto.

Una viñeta para la historia.

Una viñeta para la historia.

The Incredible Hulk 418

El propio PAD ofició la boda de Rick y Marlo.

Después de pasar por instantes de tremebunda acción, drama e incluso terror (impagable el The Incredible Hulk nº 335), los números del Hulk inteligente daría pie a una sucesión de gags maravillosos, transformándose con la llegada del Panteón en una comedia incapaz de dar tregua entre carcajada y carcajada. Los finos lápices del británico Gary Frank ilustraron sublimes momentos como la despedida de soltero de Rick Jones, el rescate del príncipe Carlos de Inglaterra o las bromas sobre las camisas de George Perez. Un George Perez que, dicho sea de paso, nos maravilló ilustrando “Futuro Imperfecto”, con el goliat verde viajando al futuro para encontrarse con su oscuro y tiránico yo. El humor se interrumpieron en cierto modo con la llegada del oscuro Liam Sharp y un Banner atemorizado por la pérdida del control, dando paso a historias más íntimas y con cierto compromiso social, a la par que Sharp -para bien o para mal- experimentaba con sus tintas.

Después llegaron autores como Ángel Medina o Mike Deodato… Y, de repente, The Incredible Hulk parecía un quiero y no puedo en el que Peter David parecía estar incómodo con el entorno que le rodeaba. Se comenta que su divorcio con Myra Kasman tras dos décadas casados le afectó sobremanera, pero también es cierto que los múltiples eventos en los que Marvel enrolaba al titán esmeralda terminaron matando cualquier atisbo de prometedora trama, de las cuales en ocasiones se atisbaba alguna luz. Los crossovers se sucedían: que si la muerte de Nick Furia, que si Onslaught, que si los “Heroes Return”… Pero un PAD cansado, empujado por un estupendo Andy Kubert, pudo dar por finalizada su etapa en lo que era una auténtica montaña rusa de sensaciones.

Se fue Betty, se fue Banner y se quedó el pobre de Rick Jones, siempre con una historia que contar… Aunque fuera la última. La analogía que se planteaba en The Incredible Hulk 467 ponía las emociones a flor de piel, algo que solo podrán entender los que hayan estado aquellos doce años con PAD y su monstruo. Una etapa ─reafirmada por el brutal Hulk: The End de David y Keown en el año 2002─ que define en gran medida la grandeza de los cómics de superhéroes y la maestría de un guionista cuya peor historia siempre será más enriquecedora que la mejor de muchos de los escritores que a día de hoy estropean la clásica esencia de Marvel. ¿Para cuándo una reedición?

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Un comentario en “Los verdes genes de Peter David

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