Ahora todo el mundo ama a Image Comics. Es un hecho. Tengas cuarenta y pico años o veinticuatro. “Es la nueva Vertigo”, “hay alternativa a Marvel y DC” o “todo lo que sacan es bueno”, son algunas de las frases recurrentes para referirse al material publicado actualmente por esta editorial norteamericana.

Pero hubo un tiempo, queridos amigos lectores, en el cual existió una Image muy diferente a la actual. Uno en la cual primaba el dibujo sobre la historia. Las splash-pages espectaculares sobre las tramas interesantes. Los personajes musculados (ellos) y con pechos siliconados (ellas) que peleaban con los dientes apretados, sobre los guiones elaborados. De esa truculenta historia os hablaré algún día, porque la disfruté bastante en su momento (a personajes como “Backlash” y a grupos como Gen 13 o y Team 7 realmente les guardo mucho cariño).

Más de uno y más de dos, veteranos lectores ya, afirman sin pudor que si leyesen de nuevo hoy día el material publicado en aquellos años, sufrirían una aneurisma ipso facto. Pero la realidad es que en aquella época, comprábamos todo lo que publicaba Image (más o menos como ahora) y, sobre todo, muchos “números uno” con portadas brillantes reflectantes.

Vale

De toda aquella vorágine de creaciones de dibujantes super-estrellas y trasuntos de héroes y villanos de las dos grandes del género, hubo una que atesoraba una gran calidad y por eso para mí es indiscutiblemente una de las mejores series publicadas (y que ha resistido el paso del tiempo de manera fenomenal) de aquella hornada de colecciones superheroicas. Estoy hablando de “Savage Dragon” (o Salvaje Dragón, si lo preferís). Un personaje creado por el guionista y dibujante Erik Larsen para Image Comics que, en cierto modo, tiene mucho de un gran icono de Marvel: El increíble Hulk. Su propio creador no esconde esas influencias y lo ha comentado en muchas ocasiones, además.

La apuesta del amigo Larsen para Image fue una colección protagonizada por un policía de la ciudad de Chicago bastante peculiar. De origen desconocido (al principio de la serie ni él mismo recuerda de dónde proviene ya que padece amnesia) este defensor de la ley verde, musculoso y con cresta, combatía el crimen gracias a su super-fuerza y su factor curativo. Fue una de las primeras obras en publicarse en esta editorial (recordemos que cada uno de los fundadores creó sus propias series y personajes cuando arrancó toda esa locura editorial en los años noventa y es una de las más longevas junto con la archiconocida Spawn, la creación de Todd Mc Farlane. Ambas colecciones han sobrevivido prácticamente hasta nuestros días).

Los 90
Se da la curiosa situación de que Savage Dragon en realidad no debutó en los noventa como personaje, sino que Larsen ya lo había dibujado a principios de los ochenta en otras editoriales, por lo que de algún modo lo que hizo fue recuperarlo y darle colección propia dentro de la recién nacida y prometedora editorial de Lee, Liefeld y compañía. En nuestro país, sus andanzas fueron publicadas por Planeta-De-Agostini primero y luego por Aleta Ediciones, con lo que el personaje siempre ha estado presente de algún modo en las librerías especializadas y es bastante conocido. Pero hoy, concretamente, me apetece mucho hablar en la web de un tomito muy molón de los primeros años del personaje, el cual conservo todavía, llamado “Sangre y tripas“.

Este tomo, publicado por Planeta en 1996, contenía la miniserie denominada “The Dragon: Blood & Bullets 1-3” (1995) y es una lectura muy recomendable del personaje. En esta ocasión, Larsen se encargó del guion y cedió los lápices al dibujante Jason Pearson, cuyo estilo desenfadado casa a la perfección con nuestro querido Dragón. Pearson, acompañado por el entintador Karl Story, supo entender muy bien todo el universo en el que se movían los personajes de la colección y realizó un trabajo más que digno (y la empresa no era sencilla, todo hay que decirlo). Fue una de las pocas ocasiones en las que, durante aquellos años, Larsen dejaba que otros artistas dibujasen a su “criatura” (si no contamos aquellos innecesarios números iniciales en los cuales los dueños jugaron a intercambiar colecciones, claro).

Buen cómic

La historia, mezcla muy bien la acción con algunos toques de humor (como era habitual en la colección de Savage Dragon, por otra parte) y nos cuenta como el departamento de policía de Chicago y el FBI andan tras el villano conocido como “Grip” pero no han logrado pruebas sólidas para meterlo en chirona. Cuando por fin logran detenerlo, la clave está en que su mujer, Alicia Cordova acceda a declarar en su contra en un juicio.

El desagradable agente Sheridan, del FBI, solicita la ayuda del agente Dragón y de su compañera Alex Wilde, pero nuestro protagonista está pasando una mala racha (que incluye la caída en el alcoholismo más voraz) dado que aún no ha logrado superar la muerte de su amada, que tuvo lugar a manos de un metahumano. Sheridan y sus jefes le presionan y Dragón dimite, por lo que la agente Wilde decide proteger a la testigo sin su ayuda.

Como no podía ser de otra manera, las cosas no son lo que parecen y algo huele a podrido en el caso. La banda de Grip se está preparando para secuestrar a Alicia y Dragón ya no se fía de nadie, ni siquiera del FBI. Además, la relación con su compañera es cada vez más “compleja” y podría estar afectando a su trabajo. ¿Decidirá finalmente implicarse y aceptar el caso? ¿Quién está detrás de los oscuros intereses que se esconden tras este caso? Si tuviera que definir esta obra, diría que estamos ante un “thriller policíaco con metahumanos” muy bien construido.

Fuck the police

En definitiva, un tomo de 72 páginas que costaba 995 de las antiguas pesetas que merece mucho la pena, ya que Jason Pearson logra que no echemos en falta para nada al bueno de Erik Larsen al dibujo y además narra las escenas de acción, peleas a golpes y explosiones estupendamente bien. Si os interesa, está editado en formato rústica con solapas y podéis encontrarlo saldado por seis o siete euros, que digo yo que no debe ser muy complicado.

Una lectura muy recomendable del sub-sello World Comics sobre este icónico personaje (ya reconocido como uno de los más interesantes del género y que incluso llegó a tener su propia serie de animación para la televisión a finales de los noventa). Malos malosos con superpoderes, pistolas gigantes, mala leche, intrigas y traiciones entre departamentos, puñetazos, algo de amor mezclado con odio y, sobre todo, el inconfundible sello de esta editorial que hoy día está mejor que nunca. ¿Qué más se puede pedir?

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