Tras la segunda guerra mundial, el fenómeno de los cómics de superhéroes se expandió más allá de las fronteras de los Estados Unidos y España no fue una excepción. En la década de los cuarenta ya hubo en formato apaisado ediciones españolas de las tiras de prensa de Superman bajo el nombre de “Ciclón el Superhombre”, de 1943. El caso de Batman en 1948, tituladas como “Robín y el murciélago”, fue un plagio descarado de las primeras aventuras del caballero oscuro de Bob Kane y Bill Finger, firmadas por Julio Ribera y Walter Benson, en las que se calcaban las viñetas de los primeros cómics de Batman y Robin.

Más adelante dejaron de copiar e idearon aventuras originales. Más allá de esta anécdota, hubo creaciones originales de superhéroes en España como, por citar unos pocos, “Águila Negra”, “Capitán Sol” – ambos de 1948 – o “El Duende”, de 1961. Superhéroes patrios fruto de una época, con planteamientos maniqueos en sus historias y la inocencia de sus caracterizaciones como seña. Autores como Manuel Gago, José Grau o Miguel Ripoll eran los responsables de estas creaciones, deudoras tanto de los primeros comic-books como de los relatos de los “pulps”.

Pero la memoria del género superheroico en España es, al parecer, frágil, y pocos de los actuales aficionados recuerdan estos personajes. Sí que hay algunos que han querido homenajear a esta generación de héroes, como Rafael Jiménez Sánchez, alma mater de la Asociación “Carmona en Viñetas”, dedicada a fomentar el cómic. Y lo ha hecho con la ayuda del arte del dibujante Juanfra Martínez Borges, también conocido como JuanfraMB, en el cómic que trataremos a continuación: “Piel de Toro”, editado por Carmona en Viñetas. El proyecto consta de tres tomos, publicados dos hasta la fecha.

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En “Piel de Toro” nos encontramos con héroes españoles como “Azor”, un ingeniero que creó un traje que le permite volar; “Gato Negro”, un aventurero que atrae a la buena suerte; “El León de Leganés”, un exboxeador que combate las injusticias; “El Duque”, un aristócrata aventurero; “Rojigualda”, la versión española de la época del supersoldado al estilo del Capitán América; “El Centinela”, un monje que combate la masonería; “La Garra”, un hombre criado entre lobos; y las heroínas “Malvaloca” y “Zarzamora”, acróbatas al servicio de la justicia. En definitiva, personajes bien construidos y definidos con una solidez conceptual y biográfica sugerida en pocas viñetas.

El homenaje ha ido más allá y en la historia se confrontan personajes arquetipos de esos relatos inocentes con una situación que bebe de la actualidad del panorama político español. De esta manera se plantea la dicotomía entre personajes de blanco y negro frente a la escala de grises y matices que puede suponer el analizar una realidad compleja como es la actualidad española. Y es desde este punto donde los autores hacen gala de oficio, tanto a nivel técnico como argumental, con un planteamiento inicial con referencias a la realidad y guiños – tanto estéticos como literarios – al género patrio de superhéroes. Todo eso dando espacio al lector para que sea él el que juzgue, y proponiendo un relato con niveles de lectura diferentes: bien como una historia de aventuras, bien como una narración con elementos para reflexionar. A ambos niveles “Piel de Toro” funciona perfectamente.

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