Para hablar de uno de los cómics que ha causado sensación el pasado año 2016, “Hoy me ha pasado algo muy bestia”, ya con dos ediciones en castellano y una en portugués, es necesario remontarse hace diez años, cuando en 2007 el escritor catalán Daniel Estorach puso en marcha un blog donde relataba en primera persona las andanzas del “Justiciero del Post-it” por Barcelona y alrededores. Con ingredientes tales como una buena caracterización de personajes, una excelente historia que daba la sensación de ser contada “en tiempo real” y una gran definición de localizaciones, el blog fue consiguiendo seguidores hasta que el proyecto se transformó en la primera novela de la trilogía “Crónicas de un Héroe Urbano”.

Desde entonces hasta hoy, se han sucedido varios lanzamientos: la secuela “Identidades Secretas” y “Tiempo de Héroes 1. La Venganza de Pekín”, una novela coescrita por varios autores donde se amplía el universo creado por Estorach. Se rumorea una posible adaptación a las pantallas, quedando todavía pendiente de edición la tercera novela de la trilogía. La adaptación al cómic de la primera novela corre a cargo de El Torres al guion, dibujo de Julián López, tinta de Juan Albarrán y color de Fran Gamboa.

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En “Hoy me ha pasado algo muy bestia” nos encontramos a Daniel, el “Justiciero del Post-it”, un barcelonés treintañero que un día descubre que, tras una temporada con migrañas y hemorragias nasales, su físico se ha fortalecido y puede curarse de las heridas con rapidez. A raíz de unos episodios de su entorno en los que se ve obligado a interceder y, con la ayuda de sus amigos, toma la decisión de convertirse en un justiciero enmascarado. Es ese su punto de no retorno, donde descubrirá una Barcelona oculta poblada por otros seres con habilidades especiales. Esas capacidades -tal y como definió Stan Lee cuando creó a Spiderman– implican sacrificios y responsabilidades. Habrá, por tanto, consecuencias y efectos que Daniel tendrá que asumir en su aprendizaje. Y bajo esta premisa canónica es cuando la narración despliega originalidad por la acertada construcción de los personajes, el desarrollo del relato y la excelente ambientación en una Barcelona real, sin capas ni disfraces.

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En un brillante ejercicio de síntesis en el guion, El Torres logra una adaptación solvente y con voz propia: el cómic conserva la fuerza e intensidad de la novela, a la par que se convierte en una lectura complementaria a ésta. Un mayor peso de los personajes secundarios y algunos guiños propios se suman a los que había dejado Estorach en el libro, enriqueciendo el resultado final.

El dibujo de Julián López sugiere dinamismo y espectacularidad en las escenas de acción, mientras que aporta detallismo expresivo en las escenas de diálogos. Preciso en las localizaciones de una Barcelona identificable a cada viñeta, el trazo de López refuerza una narración en la que la ciudad donde viven los personajes es real y los golpes y heridas duelen por ser gráficamente verídicos.

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Cabe destacar que para disfrutar de la historia no es preciso poseer un bagaje previo: ni de la saga literaria ni del género de superhéroes. El cómic funciona perfectamente para un lector neófito, que encontrará una historia sólida y personajes tridimensionales en un escenario bien definido, combinación suficiente para que aflore la épica urbana que respiran estas páginas.

La buena acogida de la adaptación, tanto de crítica como de público, apela a la lógica empresarial de que se editen próximamente tanto la tercera novela como el segundo cómic. Ojalá el futuro nos depare las continuaciones de este universo rico, atractivo y aún por explorar.

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