Una de las críticas que se hace al cómic de superhéroes como género es la rigidez en cuanto a conceptos y argumentos a tratar. Un excesivo reciclaje de historias clásicas para nuevas generaciones ha contribuido a esta perspectiva. Por otro lado, si se consigue distinguir los granos de la totalidad de paja que se publica de forma ingente y regular, el lector puede encontrar todavía propuestas novedosas y con algo que aportar. Si bien hay unos parámetros e ingredientes que definen al género de superhéroes, como cualquier otro, siempre hay que aportar en una nueva obra un “algo” nuevo, que diferencie a esa cabecera del resto, que la haga única y distinta.

Conceptos como el aprendizaje de un adolescente a ser héroe o el del legado que se transmite se han explotado tanto que cuesta creer que con esos planteamientos de partida se puedan idear propuestas novedosas. Así pues, si casi todo está contado, ¿cómo poder contar algo nuevo? Un caso podría ser “Armatura Uno”, que  ha irrumpido en el panorama editorial nacional como primera colección de la editorial Apuf Entertaiment, habiéndose publicado por el momento dos números en formato grapa y a la espera, en breve, del tercero.

El concepto que preside Armatura Uno no es exclusivamente la historia de un héroe, sino la de un objeto: un casco que reviste a su portador de una armadura que le da poderes, un arma en definitiva, propiedad desde los años cuarenta del gobierno de los Estados Unidos, habiendo sido utilizada desde entonces por varios portadores. La primera entrega nos sitúa en 2016, con la “Armatura” llevada por su decimonoveno portador y en el momento en que el arma se transmitirá al siguiente usuario: el adolescente Billy Baker. Y es a través de los ojos de Baker como el lector se adentra en todo lo que implica el universo Armatura, conociendo al supergrupo “La Élite” y lo que conlleva ser el vigésimo portador del arma.

El recurso, nada novedoso, del adolescente que aprende a ser un héroe se enriquece del legado que se intuye en la responsabilidad de portarlo. Los guiones de P.M. Reilly dan la sensación de entrar en un universo con una continuidad previa, al estilo de cualquier cómic clásico de superhéroes. Es pues, un guion directo y ágil sazonado de algún flashback de la “edad dorada de la armadura” cuidadosamente colocado para ir situando al lector ante el artefacto en cuestión.

A ello súmese un dibujo sencillo y  sobrio, obra de George Kambadais en la primera entrega y de Fabian Cobos en la segunda, deudores ambos del cartoon en ocasiones, que agiliza la narración, sin excesivos detalles pero potenciando gráficamente lo que se ha de contar. A pesar del cambio de dibujante en la segunda grapa, no se percibe una ruptura estética y eso consigue que la obra gane en homogeneidad. Quizá el sobrio blanco y negro pueda restarle atractivo a la propuesta, pero hay páginas, como la octava del primer número, que justifican la compra del ejemplar por la resolución grafica narrativa mostrada.

Tanto en el cómic como en la web oficial hay una serie de textos donde explica el origen editorial de Armatura uno, creado por un tal “Jerry Finger” en plena Golden Age, y con una trayectoria de 150 números hasta 1954, cuando se cancela como consecuencia de la “caza de brujas” a los comic-books alentada desde la publicación del libro “Seduction of the Innocent” del Dr. Fredric Wertham. Desde entonces, y tras el suicidio de su creador, el personaje quedó relegado al olvido hasta la publicación de la presente colección.

¿Un olvido que ha llegado hasta nuestros días? Hagan la prueba: busquen a Jerry Finger por internet y vean lo que encuentran: ¿Ninguna referencia a la época clásica antes mencionada? ¿Es tan grande el malditismo que arrastra Finger que ni siquiera queda recogido su nombre para la posteridad en ninguna web? ¿Realmente existió? ¿O estos textos nos proponen un ejercicio de intrahistoria ficticia? ¿Es pues, un ejercicio de contextualización ficticio que engrandece el conjunto de la obra? ¿Un homenaje implícito al género y su historia? Yo no me pronunciaré. Prefiero seguir disfrutando del juego que da este envoltorio de “realidad ficcionada” en torno a Armatura Uno.

Sin duda, por la forma en que ha sido contada hasta ahora, la serie cuenta con un original potencial para desarrollar argumentos tanto en el pasado como en el tiempo presente de este universo. Permaneceremos expectantes a lo que nos depare Armatura Uno y La Élite. Seguro que Jerry Finguer, esté donde esté, también lo hará.

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