Si habéis escuchado el segundo episodio de nuestro podcast Heraldos de Galactus, tal vez me hayáis oído hablar de un modo un tanto confuso e indefinido sobre un cómic llamado Motro, obra publicada más allá de nuestras fronteras por Oni Press. Cuando se grabó el programa, sólo había leído el primer número. Ahora, tras finalizar la lectura de los 4 números que hasta el momento han visto la luz, intentaré completar mis impresiones, aunque ya aviso que no será tarea fácil.

Motro1«Motro» es una especie de epopeya fantástica que nos cuenta la historia de un joven huérfano (el propio Motro del título) en un mundo postapocalíptico en el que rigen unas normas particulares. Veremos desde un principio que algunos objetos son capaces de comunicarse con las personas mediante una especie de emoticonos que describen su estado de ánimo; e igualmente asistiremos a un incesante desfile de personajes con características físicas muy diferentes a lo que estamos acostumbrados, acercando a la obra en algunos momentos a un estilo cartoon o de serie de animación tipo “Hora de aventuras”. Pese a ello, estamos ante una obra totalmente adulta, que ofrece una curiosa visión de temas como la responsabilidad o la pertenencia a una familia o clan. Además, contaremos con un componente de gore que hace acto de presencia en numerosas ocasiones.

«Motro» ha conseguido generar en mí dos sensaciones bastante opuestas, por lo que considero que es una obra de la que no es sencillo dar una valoración positiva o negativa. Más bien, lo único que puedo ofrecer es una opinión basada en impresiones un tanto segmentadas. Y es que «Motro» es una obra deslabazada, dispersa y difícil de tratar si la encaramos buscando una narración lineal al uso. El guion de Ulises Fariñas (con ayuda de Erick Freitas) presenta varias elipsis temporales muy importantes, proponiendo en algún caso muchos años de diferencia entre lo que se nos cuenta en un número y el siguiente. Además de esto, el trasfondo que se nos ofrece sobre los personajes es mínimo, por lo que el cómic nos lanza a Motro y a sus acompañantes a bocajarro, sin que tengamos unos antecedentes a los que agarrarnos. Esto no me parece mal, ya que muchas obras hacen lo mismo para posteriormente rellenar información a base de flashbacks, pero no es el caso de «Motro». Por tanto, muchos lectores pueden quedar defraudados si buscan un desarrollo importante de los personajes o una profunda carga psicológica. Aquí todo de desarrolla de otra manera, y para disfrutar de la obra hay que tomarlo tal y como viene. Para rematar, durante el desenlace el cómic se vuelve un poco meta, con una pequeña aparición del propio autor en el cómic y unas claras segundas intenciones que nos proporcionan una lectura con varias capas, aunque tal vez aquí es donde menos claro vemos el sentido global de la obra.

Motro2A pesar de todo esto, de alguna manera el cómic se las arregla para causar un alto grado de fascinación en el lector, al menos en mi caso. Yo siempre he defendido que un buen guion no tiene por qué darlo todo bien masticado al lector, sino que a menudo una obra que muestra ambivalencia o ambigüedad resulta mucho más rica en cuanto a que es la imaginación del propio lector la que ha de rellenar los huecos que faltan. Es verdad que en «Motro» esos huecos son muy grandes, pero esto puede resultar estimulante para mentes poco perezosas.

Da la sensación de que Ulises Fariñas ha decidido que prime el aspecto visual sobre la trama, aunque hay cientos de detalles escondidos que podrían quitarme la razón. Lo que es innegable a todas luces es la increíble riqueza visual e imaginativa de que hace gala el artista en cada página. El curioso estilo de dibujo de Fariñas entra fantásticamente bien por los ojos, pero además se puede decir que ha creado todo un exhuberante universo de la nada. Es una gozada perderse en las viñetas más recargadas, admirando la cantidad de personajes que aparecen, con una variedad de diseños alucinante, lo que hace que cada uno de esos personajes sea único. Lo mismo puede decirse de atuendos, vehículos, objetos mágicos o lugares. No podemos dejar de destacar la aportación del colorista Ryan Hill, que da vida a este mundo con unos tonos muy llamativos. Todo contribuye a generar una mitología con una entidad propia y original, y que esperemos que pueda continuar en sucesivos números, cosa que por lo que sé no está confirmada.

Motro3Tal vez sea complicado recomendar este cómic a un grupo amplio de lectores, debido fundamentalmente a esa sensación de cortar tramas de golpe y dejar muchos cabos sueltos sin explicar. Pero la apabullante imaginería visual y conceptual creo que compensan con creces esas carencias argumentales. Apúntenla.

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