Paletos Cabrones: Crónica social del condado de Craw [Opinión]

El sur de los Estados Unidos ya lleva años instalado en el imaginario de la cultura popular como un lugar rural y agreste, donde los tópicos indican que vive gente más sencilla, racista y primaria, noble y cruel, y con una pasión desmedida hacia el fútbol americano. De estos estereotipos se han nutrido en muchas ocasiones la literatura, el cine y los cómics. Un punto de partida, cierto o no, que ha servido como materia prima para ficciones en diversos ámbitos. Y en este contexto se puede encuadrar estos “Southern Bastards” – “Bastardos Sureños” -, traducida al castellano como “Paletos Cabrones” y editada por Planeta de Cómic, cuyo primer tomo ya reseñamos hace un tiempo en estas mismas páginas.

Jason Aaron (“Scalped”, “Thor” o “Star Wars”) y Jason Latour (“Django Desencadenado” o “Lobezno”), los autores de la presente obra, son oriundos del Sur de los Estados Unidos. En el prólogo de la serie, ambos nos dan la pincelada para entender lo que nos vamos a encontrar: un relato sobre ese lugar, mitificado o no, que se ama y odia a la vez. Donde los sentimientos son más encontrados. Donde no hay buenos ni malos, quizá solamente una serie de seres humanos con sus diferentes escalas de miseria moral propia: una buena colección de cabrones, en definitiva.

Bajo esta premisa ya nos adentramos, en el primer volumen de la serie, en el ficticio Condado de Craw, Alabama, donde nada es más importante que el Fútbol Americano. El equipo “Runnin’ Rebs” es la seña y orgullo del condado. Su entrenador, Eulen Boss, está en lo más alto del estrato social de la población, siendo el hombre más poderoso del lugar. Respetado y temido por sus conciudadanos, su palabra es ley. ¿Una metáfora del deporte mal entendido como símbolo de la cúspide del estrato social? ¿O el entrenador tiene algo más en su haber?

“Es fútbol, compensa sangrar un poco”

Conoceremos a Eulen Boss de la mano de otro tipo que vuelve a su pueblo natal después de mucho tiempo: Earl Tubb, antiguo soldado y jugador del equipo. Tubb, hijo del anterior sheriff del condado, que hizo todo lo posible por salir del ambiente rural que envuelve a Craw, vuelve para descubrir cómo funcionan las cosas bajo la batuta del entrenador. Y hará notar su discrepancia de forma contundente. Earl Tubb solo tiene determinación para hacer valer su opinión. Y un palo muy grande.

Tras un comienzo que bebe tanto de los arquetipos asociados al sur como de estereotipos del cine de vaqueros, en los siguientes volúmenes el guion de Jason Aaron nos adentrará capítulo a capítulo en la psicología interna de estos hombres primarios y sencillos, presentándonos arco tras arco a más personajes que ayudan a explicar el porqué son las cosas así en este valle donde nada importa más que el fútbol americano y “compensa sangrar un poco…”. Entrega tras entrega, la sólida caracterización de los personajes presentados mostrará al lector su profundidad psicológica a través de unos excelentes diálogos.

Basten unos ejemplos como muestra de lo que nos reservan Aaron y Latour conforme avanza la trama: Roberta Tubb es la hija de Earl y fiel reflejo de éste, marine destinada en Afganistán que vuelve a casa para incorporarse a la trama. También conoceremos mejor al Sheriff del condado, acostumbrado a convivir con los poderes fácticos del lugar para que “no haya problemas”. Ellos, y otros más, adornan el paisaje de un lugar donde se premia la lealtad por encima de la habilidad o capacidad.

“Cosas de la América profunda”

El arte (y color) de Jason Latour acentúa y potencia la sensación psicológica de la historia, la de un lugar apartado de la gran urbe, con la sensación de salvaje sencillez y ambiente opresor. Latour, además se hizo cargo del guion del #12, donde cedió el arte a Chris Brunner, sin que por ello se resienta ni estética ni literariamente. La serie, publicada por Image, ha cosechado numerosos premios: un Harvey a la mejor serie nueva en 2015 y 2 premios Eisner en el 2016, a la mejor serie y mejor guionista, además de estar nominada en la “Selección Polar” en el Festival Internacional de Cómics de Angouleme en 2016. No es para menos.

Este relato de violencia rural ambientado en la américa profunda lo merece. Esta retorcida metáfora del deporte como opiáceo, tras lo que se puede justificar y anestesiar todo, puede abrir un debate sobre el “pan y circo”. Este deformado retrato psicológico de personajes, en apariencia sencillos pero temibles, nos da pistas de cómo prima la brutal “ley del más fuerte” por encima de convenciones y normas sociales cuando se amedrenta lo suficiente a una población. Incluso nos pone en alerta ante tipos que quieren “el triunfo a toda costa”. Todo ello en un relato que atrapa desde la primera entrega, por la intensidad y velocidad de la que dotan los autores a la historia. Tan costumbrista como violenta, la trama y los personajes que lo pueblan avanzan en esta narración absorbente, en la que no es predecible la resolución del mismo o la forma en la que se vaya a contar. En España “Paletos Cabrones” lo edita Planeta Cómic. Recientemente se ha puesto a la venta el tercer volumen, “Bienvenida”. Es un buen momento para visitar el condado de Craw y sus gentes a través de los tres TPB´s editados hasta la fecha. Será un viaje que no dejará indiferente al lector que se decida visitarlo.

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