Los Leones de Bagdad [Reseña]

“En abril de 2003, una manada de leones se escapó del zoológico de Bagdad durante un bombardeo del ejército estadounidense. Los cuatro leones -perdidos, confusos y hambrientos, pero al fin libres- vagaron por las diezmadas calles de Bagdad en una lucha desesperada por vivir.

Bajo esta premisa Brian K. Vaughan (Saga, Paper Girls), nos transporta a un Bagdad en plena guerra de Irak (año 2003, recordemos) junto a Niko Henrichon al increíble apartado gráfico. Pero lo más acertado de esta obra, al menos para mí, es que los protagonistas no son humanos, sino leones. Esto le da al cómic un punto de ternura que, quizá con humanos, muy posiblemente no se llegaría a transmitir al lector. Por ejemplo, a mí me puede caer bien alguien que al resto le podría resultar apático. Pero como ya hemos comprobado en numerosas películas de animación, el resultado con animales suele ser más satisfactorio y llega más a la “patata” del (en dicho caso) espectador.

“Los leones de Bagdad” (Pride of Baghdad, en el original) comienza siendo un relato de cuatro ejemplares de estos animales; dos machos, Zill, león dominante, y Ali, hijo y aún cachorro de Noor que, junto a Safa (o “la vieja”, como la llaman y a la cual le falta un ojo), son las dos hembras y juntos forman el cuarteto que nos guiará a través de esta historia.

Tras un violento bombardeo sufrido en la ciudad, los leones quedan libres del zoológico en el que vivían. Y a pesar de que ahí está la tan ansiada libertad, son cuatro en este variopinto grupo y evidentemente no todos piensan igual. Safa, en este caso, actúa de conciencia, ofreciendo el segundo punto de vista, siempre bajo su experiencia personal. Zill, por su parte, intentará mediar entre Safa y Noor, ya que esta última es muy joven y guerrera (al menos más que la vieja Safa).

“No, no es Simba, amigos, pero sí es una obra con moraleja…”

Por último, tenemos a Ali, el cachorro (un personaje al que se le coge cariño rápidamente). Este no conoce nada del exterior pero se desenvuelve bien ante la nueva tesitura que se les presenta. La manada tendrá que salir airosa de algún que otro jaleo ocasionado tanto por humanos como por otros animales. Deberán buscar comida para sobrevivir y cazar, y no va a ser tarea fácil, teniendo en cuenta que antes vivían en cautividad. Y por supuesto, tendrán que lidiar con animales más grandes y peligrosos como un gran oso negro llamado Fajer, el cual hará pasar un mal trago al cuarteto protagonista de esta excelente novela gráfica ganadora de un premio Harvey en 2007.

La historia es fluida y se lee en un suspiro; remarcando el sentimiento de los autores al narrarla y contemplando que no solo es la historia de cuatro leones que ansiaban libertad, sino que detrás de todo esto realmente hubo personas causantes del mal y otras miles víctimas de ello. Una especie de fábula con un Niko Henrichon espectacular en el dibujo de estos animales con cualidades y actuaciones típicas de los humanos. En definitiva, una lectura obligada, muy recomendable y disfrutable que fue editada originalmente en 2006 por el sello Vertigo y al año siguiente editó en nuestro país Planeta De Agostini en tapa dura. Más recientemente, ha sido ECC Ediciones la encargada de hacernos llegar de nuevo este fenomenal cómic, esta vez en formato rústica.

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