Astérix en Italia: La solidez de la poción mágica

Volvemos al año 50 antes de Jesucristo y el imperio romano sigue sin haber ocupado toda la Galia. Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. De hecho, los personajes de la aldea y todo su universo han mostrado una tenaz tendencia a resistir más allá de las viñetas, tanto al paso del tiempo como a los imperativos de la naturaleza. Ya en 1977 el dibujante Albert Uderzo tuvo que continuar en solitario las aventuras de Astérix y Obélix tras el repentino fallecimiento del guionista René Goscinny. A esta labor de autor completo se dedicó Uderzo exclusivamente hasta su retiro laboral anunciado en el 2009, cuando vende a la Editorial Hachette su participación del 60% de Les Editions Albert-René (editorial propietaria de los derechos de los cómics y personajes del universo Astérix, fundada en 1979 por Uderzo y Anne Goscinny, hija del célebre guionista). El porqué de la operación era conservar el legado de Astérix. El propio Uderzo declaró al respecto “No tengo derecho a suprimir estos personajes si los lectores los siguen pidiendo”. De esta manera, se aseguraba la longevidad editorial de la pareja más icónica de la bande dessinée francesa.

En 2013 llegó la primera prueba de fuego con la publicación del primer álbum de Astérix sin ninguno de sus creadores originales. El testigo había pasado al guionista Jean-Ives Ferri (“El Retorno a la Tierra” o “De Gaulle à la plage” como autor completo) y al dibujante Didier Conrad (“Los Innombrables” o “La Tigresa Blanca”). “Astérix y los Pictos” fue la primera muestra que cosechó tanto buenas críticas como ventas. En el 2015 le siguió “El Papiro del César” y el pasado 19 de octubre se puso a la venta “Astérix et la Transitalique”, traducido en la edición española como “Astérix en Italia”, álbum que hace el número 37 de la serie desde el nacimiento de Astérix el 29 de octubre de 1959 en las páginas de la revista Pilote. 370.000.000 álbumes vendidos en todo el mundo separan la publicación del primer álbum – “Astérix, el Galo” – en 1961 hasta día de hoy. La serie se ha traducido a 111 lenguas y llevado al cine con 9 películas de animación y 4 de acción real.

El tercer álbum del tándem Conrad – Ferri nos lleva a una aventura de Astérix y Obélix por la península itálica, donde formarán parte de una carrera recorriendo varias de sus regiones: la carrera transitálica. En la línea de las mejores historias guionizadas por Goscinny, donde los galos viajaban para solucionar un problema o superar un reto, sigue lo que ya se puede considerar el “canon Astérix”: la combinación de gags mientras el argumento avanza, bien sazonado con homenajes y referencias; guiños tanto a la historia como a la actualidad y retratos graciosos de estereotipos de otros pueblos y civilizaciones junto a algún homenaje caricaturizando a personajes célebres. Sin ningún elemento sorpresa que empañe o distorsione la fórmula, nos encontramos con una historia donde las caracterizaciones de los personajes principales responden a lo definido por Goscinny años atrás.

Jean-Ives Ferri sabe contarnos una nueva aventura sin renunciar a ninguno de los elementos que han hecho grande a esta creación a lo largo de sus 58 años de vida. De hecho, nos encontramos con aventuras más sólidas, frescas y divertidas que algunas de las que hizo en solitario Uderzo en su última etapa, como puedan ser “El mal trago de Obélix” o “¡El Cielo que se nos cae encima!”. Al igual que en los dos álbumes anteriores, Didier Conrad sigue dibujando adaptando su estilo al de Uderzo y narrando gráficamente al mismo nivel del creador gráfico de la serie. El acertado color, como en la última etapa de Uderzo, sigue a cargo de Thierry Mébarki.

En contra de voces críticas que señalan la ausencia de novedades en los parámetros argumentales en los que se mueve esta nueva entrega, nos permitimos resaltar que el canon argumental ya fue establecido en la primera década de vida del personaje, aplicándose con éxito la fórmula hasta la desaparición del Goscinny y continuándola Uderzo hasta su jubilación. Esa fórmula es “el porqué” del éxito de Astérix, también su restricción para nuevas propuestas que estén a la altura de los álbumes clásicos. Ferri y Conrad consiguen divertir y plantear al lector una historia tanto fresca como fiel a la trayectoria de los personajes. Ellos, al igual que antaño lo fueron Goscinny y Uderzo, son los auténticos “druidas” de esta aventura, conocedores de la auténtica “poción mágica” de Astérix. Y eso nos asegura muchos años y aventuras futuras del galo… ¡Por Tutatis!

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