Winnebago Graveyard: terror en la feria

Una pareja con niño viajan en caravana por una de esas eternas carreteras americanas interestatales, y deciden parar en un viejo parque de atracciones para estirar las piernas y relajarse de las horas de conducción. Como suele pasar en ese tipo de lugares, la feria resulta anticuada y un tanto tétrica, habitada por personajes huraños y poco dados al diálogo. Aún así, el trío disfruta de las atracciones hasta que empieza a hacerse tarde. En la salida del parque, tendrán que lidiar con un gran problema. Su caravana ha desaparecido. Ese es el inicio de una pesadilla que poco a poco irá adquiriendo tintes grotescos y brutales.

WinnebagoGraveyard1Steve Niles (30 días de oscuridad) ofrece con esta obra una historia puramente visceral, que remite en parte a terrores primarios como los que podemos sufrir durante nuestros peores sueños, y es probablemente en ese sentido donde mejor funciona. El guion es tremendamente simple y se basa en contar una persecución a los protagonistas con una secta satánica de por medio. Niles se sirve de esa sencillez para dejar que sea el dibujo el que lleve la voz cantante en la narración. Es por ello que tenemos una historia que se puede asemejar a esas películas de terror malas que aparecieron en los años 70. Y digo malas porque no ofrecían una coherencia argumental demasiado elaborada, sino que basaban su eficacia en atmósferas grotescas y retorcidas con las que impactar al espectador. Winnebago Graveyard tiene mucho de homenaje a ese tipo de producciones, cosa que queda patente en un desarrollo de trama que avanza porque sí, sin razones de peso para que los personajes actúen como lo hacen. Pero, al fin y al cabo, ahí encontramos uno de los fundamentos de buena parte del cine de terror, y por eso estas incoherencias no molestan en este caso, ya que están ahí para cumplir una función.

Como decía, una de las mayores virtudes del cómic está en el peculiar arte de Alison Sampson. Su estilo es un tanto distraído y poco claro, muy del sello Vertigo, pero resulta perfecto para conseguir el efecto deseado. La ambientación siniestra y el toque grotesco y esperpéntico están muy logrados, y eso hace que nos olvidemos de las viñetas más confusas. La sangre y la explicitud son parte importante de «Winnebago Graveyard», y los lápices de Sampson consiguen retratar con bastante acierto las escenas más impactantes. A ello también contribuye el magnífico tratamiento del color de Stephane Paitreau, artista francés que demuestra manejar como nadie los tonos tétricos que este tipo de historias de terror requieren.

WinnebagoGraveyard2Dentro del inmenso catálogo de Image, en el que empieza a ser complicado no perderse, «Winnebago Graveyard» ofrece una verdadera pesadilla trasladada a viñetas cuyos cuatro números se leen en un suspiro, con una trama que va a lo que va sin meterse en vericuetos raros, y que funciona bien como una historia de terror cortita con tintes de homenaje, cuya intención es todo lo opuesto a resultar memorable y trascendente. Y este tipo de obras, para momentos determinados, resultan idóneas.

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