The Dregs: el sabor de la miseria

‘Cause every town’s got a mirror / and every mirror still shows me / that I am my own ragged company.
Ragged Company  (Grace Potter)

Tanto en nuestro podcast como en esta misma web, hemos insistido mucho en hablar de Aftershock, reivindicando muchas de sus obras para que algún día llegaran a nuestro país. Ahora que Planeta ha anunciado que publicará los títulos de Aftershock, vamos a intentar aportar nuestro pequeño granito de arena para que la pequeña editorial independiente Black Mask Studios comience a ser conocida. Ya reseñamos en su momento Space Riders, y recientemente comentamos el primer número de Come Into Me; pero además en el catálogo de Black Mask pueden encontrarse otras joyas como 4 Kids Walk Into A Bank (comentada por David en el capítulo 2×04 del podcast), There’s Nothing ThereWe Can Never Go Home o Young Terrorists de las que esperamos hablar en este mismo espacio en el futuro. Hoy nos vamos a centrar en otra de sus obras, bautizada con el título The Dregs.

«The Dregs» viene firmada por Lonnie Nadler y Zac Thompson, los mismos guionistas de la mencionada «Come Into Me», que cuentan en esta ocasión al dibujo con el también canadiense Eric Zawadzki. La obra nos traslada a un rincón suburbial de la ciudad de Vancouver conocido entre sus moradores como The Dregs, y que no es más que una pequeña zona de la ciudad en la que convive un buen puñado de vagabundos, personas sin hogar que malviven en las calles atrapados entre la miseria y la adicción a una nueva droga llamada “listo”. Uno de esos deshechos para la sociedad es Arnold, un hombre maduro y resignado que un día lo perdió todo y que ahora, repentinamente, repara en la desaparición de un compañero de calle. Este hecho coincide con el auge de un restaurante cerca de la zona, en el que se sirve una deliciosa carne de sospechosa procedencia. Sin nada que perder, Arnold emprenderá una investigación por su cuenta para averiguar cuál ha sido el destino de su amigo.

TheDregs1Hay que señalar que tanto Nadler como Thompson han trabajado como periodistas para la revista Vice, y en sus trabajos periodísticos de calle en Vancouver pudieron entrar en contacto con el duro día a día de los “sintecho”, factor que contribuyó de manera decisiva a dar vida a este cómic. «The Dregs» presenta una realidad que repugna y que deseamos ficticia, pero me temo que si nos enteráramos de su existencia real no nos sorprendería demasiado dada la naturaleza del ser humano moderno y la estructura social que hemos creado entre todos. Para ilustrar esto, los propios autores han reconocido que el cómic fue rechazado por unas cuantas editoriales hasta que Black Mask acogió la propuesta. Y es que la obra ataca desde la ficción un tema tan peliagudo como el tráfico de personas, dándole una cruel vuelta de tuerca al enmarcarlo dentro del mundo de los vagabundos marginales. El resultado es duro por momentos, está claro, pero al mismo tiempo resulta fascinante por varias razones. Una es la decisión de contar la historia desde un punto de vista y una estructura de novela negra, estableciendo la premisa de la desaparición de un homeless y la investigación de este hecho por parte de uno de sus compañeros. Este marcado componente noir queda establecido en la personalidad del protagonista, amante de la novela negra y entre cuyas limitadísimas pertenencias se encuentra un viejo ejemplar de El largo adiós de Raymond Chandler.

Otra de las grandes virtudes de la obra llega cuando los autores sitúan al personaje principal en la gran ciudad, produciendo un devastador contraste entre dos estratos sociales opuestos que golpea con fuerza al lector. Encontramos en esos pasajes reminiscencias del Quijote de Cervantes (ojo al guiño del nombre del restaurante) en cuanto a la distorsión de la realidad por parte de un personaje un tanto trastornado. De igual manera, aunque Arnold se identifica en todo momento con el personaje de Philip Marlowe y actúa bajo los dictados del detective de ficción, en realidad, aunque no lo sabe, es un Rorschach sin máscara, un Walter Joseph Kovacs que camina anclado a un diario providencial para él, y que de pronto ha encontrado una meta en su penosa existencia.

TheDregs2La otra principal baza de «The Dregs» reside en su fría visceralidad, que se hace patente ya en las primeras páginas a modo de brutal prólogo de la historia. La obra es explícita cuando debe serlo, y ahí el dibujo de Eric Zawadzki demuestra su total sintonía con lo afilado del guion. Puede que en un primer vistazo el estilo de Zawadzki nos resulte un tanto chocante para una trama tan cercana a la realidad, pero este efecto dura poco. El dibujante, como si de una carrera de fondo se tratara, demuestra a la larga que su trabajo es compacto e idóneo para esta historia, plagando de detalles cada escena y triunfando al reflejar ese submundo por el que se mueve el protagonista. La estructuración de viñetas también cumple su función, mostrándose sobria en la mayor parte de la obra pero rompiéndose en algunas páginas cargadas de significado.
De merecida consideración es la aportación del colorista Dee Cunniffe, cuya paleta dota a esta obra de una profunda dimensionalidad, cosa siempre complicada de lograr en historias de fuerte calado psicológico. Me gusta mucho cómo Cunniffe, con matices sutiles, marca la diferencia entre la realidad y las ensoñaciones del protagonista.

Con todo lo dicho, me atrevo a calificar «The Dregs» como uno de los mejores cómics del pasado 2017. Ya sabemos todos cómo funciona el tema de los premios, pero para este que escribe, «The Dregs» ha sido injustamente olvidada en las nominaciones a los Eisner. Espero al menos que esta reseña sirva para despertar la curiosidad de algún lector y acercar un poquito esta obra al mercado español. Con cómics de esta calidad, no me cabe duda de que, tarde o temprano, Black Mask tendrá presencia en las tiendas especializadas de nuestro país.

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