300: Gloria, honor y sangre [Homenaje a la obra de Miller]

Rafa J. Osuna

Trescientas entradas ya en la web. Quién lo iba a decir cuando unos cuantos aficionados a este maravilloso hobby comenzamos a escribir artículos y reseñas de cómics en este proyecto hace aproximadamente tres años. Para tan magna ocasión, no se nos ha ocurrido otra que rendir tributo entre unos cuantos heraldos y amigos a la obra del maestro Frank Miller. Creo sinceramente que era la ocasión perfecta para poner en común diferentes puntos de vista sobre un mismo cómic el cual, dicho sea de paso, está sin duda está entre en lo mejorcito de lo producido por el genio de Maryland (no en vano, el guionista y dibujante y Lynn Varley, la que por aquel entonces era su esposa, ganaron tres Premios Eisner en 1999 por este excelente cómic).

Os proponemos pues, que os adentréis con nosotros en una obra que no sólo pone de manifiesto la grandeza de este artista dentro de la industria sino que a día de hoy sigue conservando la misma fuerza que cuando fue concebida, allá por los convulsos años noventa. Un cómic majestuoso, atemporal y lleno de potencia narrativa que, además, demuestra que Miller es un creador con una personalidad tremenda. Sin más, os dejo con los textos de grandes amigos y parte del elenco de los socios compromisarios que relatan de manera brillante lo que para ellos significa esta obra.

¡A por otros 300 más, heraldos!

José Luis Pascual

La fascinación de Frank Miller por la batalla de las Termópilas, ya utilizada por el autor en Sin City: The big fat kill, quedó plasmada en “300”. Una obra capaz de redefinir un episodio histórico y dotarlo de una nueva dimensión que, gracias a su adaptación al cine, traspasa lo meramente documental para convertirse en algo legendario.

Con una teatralidad manifiesta, el mítico autor norteamericano demuestra su amor por el medio creando una fábula clásica a través de un magistral dominio de las técnicas narrativas. No solo la habilidad guionística de Miller engrandece la obra con sus magníficos textos y connotaciones, sino que además el propio formato panorámico elegido para presentar el cómic ayuda a transmitir una continuada sensación de movimiento. Desde la primera marcha de los espartanos hasta las cruentas batallas decisivas, «300» no da tregua, y cuando la da es para profundizar en sus personajes principales y definirlos como conceptos.

Muchos no comulgan con su estilo de dibujo, pero es innegable que el lápiz de Miller es, simplemente, perfecto para la crudeza visual de la que se sirve esta historia. Su impresionante labor documental se exhibe en la recreación gráfica de personajes, indumentarias y armas. Pero sobre todo ello, reinan una serie de estampas a toda página que son verdaderas obras de arte, y que le dan sentido y cuerpo a la obra.

Es imposible concebir este cómic sin el color de Lynn Varley. La profundidad de su aportación queda patente en el protagonismo del rojo, que sobrevuela la historia de principio a fin, desde las capas de los guerreros espartanos hasta la última gota de sangre que se vierte.

¿Qué es para mí «300»? Una obra totémica. Un imprescindible mito moderno.

Juan Antonio Mejías

Después de releer el tomo, reconozco que es una obra que me engancha como la primera vez que la leí. Frank Miller hace un gran trabajo de guion pero donde se sale de la escala es en el dibujo, ayudado por Lynn Varley como colorista, que hace que la obra tenga todavía más fuerza. Un tebeo que, aunque se lee muy rápidamente, merece la pena pararse a observar los detalles del dibujo y apreciar cómo Miller sabe narrar con imágenes como poquitos autores saben hacer. El argumento se basa en la batalla de las Termópilas, donde griegos y espartanos se unieron para detener la invasión del imperio persa de Jerjes I. El principal protagonista de la historia es el Rey Leónidas, uno de los personajes mas interesantes, por como describe Miller desde su infancia pequeño hasta cómo lleva a su grupo de guerreros a la batalla. Aunque lo describe como fuerte, justo y pensando siempre en la falange espartana, hace que sea derrotado por ciertos sucesos incontrolados como la condición humana.

A otro de los personajes más llamativos en esta historia, Jerjes, Miller lo dibuja como si fuera un dios caminando entre mortales, como realmente se considera él mismo, y utiliza la misma condición humana de la avaricia para ganar la guerra. Efialtes es el personaje que conecta las dos partes de la historia. Miller lo describe como un jorobado y con grandes problemas físicos (según la historia no estaba claro qué aspecto tenía, pero gracias a Miller tendremos para siempre ya en nuestra cabeza la imagen determinada por el autor). Al final, el cómic nos describe cómo un pequeño grupo de guerreros con un entrenamiento adecuado, el equipamiento y un uso del terreno favorable hacen de multiplicadores de fuerza frente a una adversidad insuperable. Aunque cuando aparece la traición no hay nada que hacer.

“Espartanos: ¿Cuál es vuestro oficio?”

Chema Lajarínez

Frank Miller es mi autor de cómic americano favorito. Quizá fue el primero al que me enganché como un fan de autor y no de personajes. Con 14 o 15 años seguía series porque me llamaban los personajes, pero aún estaba tierno para la densidad de Alan Moore o la artisticidad plástica de Sienkiewicz. El Daredevil de Miller era otra cosa. Pura adrenalina para los sentidos. Desde entonces fue un autor fetiche que, con cada nueva obra, me desbordaba y emocionaba. Cómo no hacerlo el Batman Año Uno o el Daredevil Born Again. De ‘300’ me enganchó la épica grandilocuente con la que me identifico emocionalmente con Frank. Ese barroquismo heroico de Batman a caballo o Daredevil llorando en el cementerio a Elektra. La épica del héroe atormentado y desterrado que al final vencía. Pero en ‘300’ no vencían, al menos no de la manera convencional a la que estamos acostumbrados. Argumentalmente, los héroes van a la muerte porque no hay otra opción, porque es la manera de vencer aun en la derrota. Puro Miller.

¿Y qué decir del dibujo? El bueno de Frank domina el dibujo secuencial como nadie, sabiendo que sus viñetas no son cuadros o ilustraciones preciosistas y estáticas para el gozo contemplativo del lector, sino ilustraciones y grafismos dinámicos al servicio de la historia. Lo importante es el ritmo, no el dibujo. Dibujos a doble página (republicado en formato panorámico después de la miniserie convencional, que por suerte conservo) con masas de negro exaltadas por el virtuosismo cromático de Lynn Varley, una pintora inmensa que ya le dio otra dimensión al Dark Knight con su paleta de color y sus composiciones. 300 no sería lo mismo sin ella (al reciente Xerxes me remito, que siendo un trabajo de color muy correcto queda lejos de la maestría de Varley). La historia de ‘300’ es una fábula, un cuento epopéyico que no pretende tener rigor histórico ni realismo alguno. Es un cuento de guerreros espartanos que te enseñan que, incluso aunque todo esté perdido, se puede perder ganando y que da igual lo que pase hoy, porque esta noche cenaremos en el infierno. ¡Oh, sí! Grande Frank Miller.

Abel M. Samper

Solo un hombre podía narrar la batalla de las Termópilas de manera gráficamente perfecta. Y ese hombre es Frank Miller. Y solo una mujer podía dar color a esa batalla de manera tan cuidadosa y magistral: Y ella es Lynn Varley. Puede que esta batalla sea la más cruel que haya vivido Esparta y puede que no salgan victoriosos, pero lo que está claro es que este dúo nos la cuenta de una forma que jamás olvidaremos. El rey Leónidas rechazará una oferta ofrecida por el gran rey Jerjes de Persia y esto dará pie a que Esparta se vea envuelta en un fatídico enfrentamiento bélico, encabezado por el gran rey espartano, que acabará en masacre. El arte de Frank Miller lo catapultará a la historia del noveno arte e inmortalizará su figura gracias a la espectacular narrativa desbordada de esta magnifica obra, sin duda una de las mejores experiencias ofrecidas por este autor, sin desmerecer, claro está, a Lynn Varley, por esas fechas su esposa, la cual da el toque final para que esta experiencia sea la obra que hoy día conocemos.

José Manuel Varela

Corre el año 1995. Frank Miller está finalizando su serie “Sin City: The big fat kill” y en su último número abre con una “splash” del rey Leónidas de Esparta. En una sola página de introducción a la historia nos cuenta cómo la estrategia militar puede superar una batalla muy desigual en fuerzas, eligiendo cuidadosamente el escenario. Aquí encontramos el germen de la novela gráfica que Miller publica en 1998: “300”, de Frank Miller y Lynn Varley.

“300” relata la historia de la batalla de las Termópilas, la defensa de Grecia por parte de Esparta y Atenas contra la invasión del ejército persa comandado por Jerjes. La historia se centra en los 300 espartanos valerosos que plantaron cara al numeroso ejército persa y que, parapetados en el estrecho paso de las Termópilas, hicieron tambalear su poderosa maquinaria de guerra y conquista. Una historia de honor, lucha, sacrificio, muerte y sangre. Mucha sangre.

Este tebeo fue publicado en formato apaisado, algo que hace todavía más patente su puesta en escena tan cinematográfica (creo que muchos lo pensamos en cuanto lo tuvimos en las manos, como así fue posteriormente). Esos planos de guerreros en formación, esas marchas y las escenas de lucha brutales, conforman un todo que respira más allá del cómic.

El arte de Miller va un paso más allá en esta obra, su narración es magnífica, sus escenas de los combates son épicas y salvajes (algunas de las páginas de esta obra se han convertido en icónicas), ayudado cómo no de los colores de Lynn Varley que ofrece una paleta de tonos oscuros, terrosos y rojizos (imagino que del color que quedó el paso de las Termópilas tras los sangrientos combates). Una obra imprescindible para todo aficionado a los buenos tebeos porque amigos, el señor Miller de esto sabe un rato.

Antonio Santaliestra

Como apreciará el lector, muchas de las firmas invitadas y de las habituales en Heraldos de Galactus, coincidimos en señalar la épica del relato como la seña e insignia de 300. Frank Miller quedó prendado de niño de la película “The 300 Spartans” (“El León de Esparta”) dirigida por Rudolph Maté. Influencia de la niñez que el maestro utiliza en su madurez artística haciendo gala de una excelente capacidad de síntesis argumental para centrar la atención en lo esencial. Todo muy marcado por un excelente ritmo narrativo en lo gráfico. Donde menos es más y todo está al servicio de la idea.

Más allá del rigor histórico, Miller nos brinda aquí la verdad universal de la épica de unos seres humanos dispuestos a hacer lo que creen correcto, sea cual sea el precio a pagar por ello. Esto entronca incluso con el concepto antropológico del mito y concepto clásico del héroe, que aun teniéndolo todo en contra, su determinación y perseverancia le lleva a tomar el camino del deber y no el de la conveniencia. Esa es la grandeza del héroe que sacrifica incluso su vida por lo que cree justo. Y de esa épica está impregnado 300, que entronca tanto con el mundo clásico y la alta cultura como con un medio de expresión de cultura popular como es el noveno arte. Por todo ello, estamos ante una obra destinada a trascender hacia lo universal.

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