Sidetrack City: la psicodelia era en blanco y negro

Kaz (alias artístico del ilustrador Kazimieras Gediminas Prapuolenis) es, sin duda, uno de los nombres destacados dentro del cómic underground norteamericano. Célebre por las tiras cómicas de Submundo, este creador influenciado por las antiguas tiras de Mutt and Jeff ha establecido sus propias reglas para ofrecer al lector inquieto un universo tan rico en matices como delirante y absurdo. Sidetrack City es una recopilación de sus trabajos en los primeros años de la década de los 90, publicada con mimo en nuestro país por la inefable editorial Autsaider Cómics.

Citando otra de las obras del autor (también publicada por Autsaider), Kaz ha creado todo un submundo por el que desfilan personajes y criaturas de todo pelaje y condición. En algunas de las historias que componen esta compilación, las menos, vamos a encontrar personajes con apariencia humana, pero en su mayoría están protagonizadas por otro tipo de seres, construidos a base de objetos o formando parte de maquinarias extrañas. Situándolos en un entorno de “surrealismo industrial”, todo ese impagable imaginario visual conforma un universo propio y reconocible en el que lo orgánico se funde con lo mecánico; universo que desprende cierto sentido de la abstracción, convirtiéndose en un decorado perfecto para historietas en las que el humor y lo surrealista se ven mezclados con cierto nihilismo o desencanto.

SidetrackCity1La visión pesimista de la vida queda patente desde la primera historia, en la que el mismísimo Satán sube al mundo material para intentar encontrar el amor. Por cierto que allí se topará con Virus Slunk, carismática y maldita fémina que aparecerá en otros de los relatos. Por supuesto, la historia no tendrá un feliz desenlace, aunque ya veremos aquí que Kaz introduce metáforas y escenas que pueden —o no— llevar al lector por la senda de la reflexión. El sentido del humor de Kaz se basa mucho en el absurdo, mostrando escenas descacharrantes que casi nunca acaban bien. Otros personajes como Zak Smoke, Bill Beak o Calaverín y Mandibulina desfilarán en una serie de historias cortas que dejan a las claras el tipo de humor tan particular del autor, en el que se insertan ciertos toques filosóficos e incluso de existencialismo que ayudan a crear un marcado contraste entre forma y fondo.

Sumamente interesante me resulta la historia más larga del volumen, la misma que da título al álbum: “Sidetrack City”. Allí, Kaz da rienda suelta a esa imaginación desbocada y nos arrastra a una serie de viajes. El primero, un viaje por la propia ciudad de Sidetrack, que como todos los decorados de la obra de su creador es un verdadero festín visual de lo psicotrópico, conformando un espacio absolutamente inimitable. El segundo, un paseo en el mismísimo tranvía del diablo, medio de transporte que solo es visible para el pasajero que está preparado. Y el tercero, un descenso a la mente de Bizmark —el protagonista—, lugar poblado por innumerables imágenes y conceptos desordenados. Aunque todo parezca carecer de sentido, en realidad Kaz despliega aquí toda una exploración de la mente humana, acudiendo a conceptos como la culpa, el desprecio y, por supuesto, la locura. Siempre dentro de los parámetros psicodélicos del universo Kaziano, claro.

SidetrackCity2Si bien los guiones abundan en lo imprevisible y en un humor a veces muy negro, cosa que ya hace recomendable de por sí la adquisición de esta obra, es el extraordinario arte del dibujante el que constituye el gran valor del tomo. Uno no puede más que maravillarse de la increíble inventiva de Kaz a la hora de CREAR —así, con mayúsculas— algo diferente a todo lo convencional, verdadero leit motiv de cualquier obra underground. Que nadie me entienda mal, pero ante ilustraciones como las que pueblan las páginas de «Sidetrack city», hay que dar las gracias por la existencia de ciertas sustancias alucinatorias que, el propio Kaz nunca lo ha negado, han sido una enorme fuente de inspiración a la hora de diseñar un microuniverso tan único. El blanco y negro nos ayuda a centrarnos en los incontables detalles que tiene el dibujo, detalles que se amontonan en unas viñetas que te dejan embobado. Mención especial para las ilustraciones a toda página que se distribuyen por la obra, verdaderas obras de arte del surrealismo más salvaje. Pese a carecer de color, estamos ante una psicodelia pura y dura.

Una vez más hay que agradecer la labor de editoriales independientes como Autsaider Cómics, que ponen su pasión por delante de todo para hacernos llegar obras magistrales, aunque claramente arriesgadas. Eso, en un mercado tan saturado como el actual, es lo que marca la diferencia.
Puede que a primera vista la obra de Kaz resulte cómica a su manera chocante, pero si nos molestamos en rascar la superficie nos vamos a dar cuenta de que en «Sidetrack City» se oculta cierto mensaje, un subtexto que no es más que los retazos de la fascinante personalidad de su autor. Como sucede con la mayor parte de la producción comiquera underground, no es esta una obra para cualquier lector, ya que puede resultar complicado entrar en el peculiar código que «Sidetrack City» exige para disfrutar plenamente de su lectura. Pero quien se atreva a adentrarse en mundos chocantes y lisérgicos, no va a encontrar un mejor viaje que este.

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