Conan The Barbarian #1: Enérgica vuelta a casa [Avance USA]

Has de saber, oh príncipe, que entre los años del hundimiento de Atlantis y sus brillantes ciudades, tragadas por los océanos, y los años del nacimiento de los hijos de Aryas, hubo una edad no soñada de reinos esplendorosos, diseminados por el mundo como mantos azules bajo las estrellas. Nemedia, Ophir, Brythunia, Hyperborea, Zamora con sus mujeres de cabellos negros y torres encantadas, Zingara con sus caballeros, Koth, que limitaba con las tierras pastoriles de Shem, Stygia con sus sombrías torres custodiadas por demonios, Turán cuyos jinetes usaban acero, seda, y oro. Pero el más soberbio reino del mundo era Aquilonia, reinante supremo del Oeste. Y allí llegó Conan, el Cimmerio, de cabellos negros, mirada hosca, espada en mano, ladrón, guerrero, asesino, de grandes tristezas y grandes alegrías, dispuesto a pisotear con sus pies calzados con sandalias los enjoyados tronos de la Tierra”.

Las Crónicas Nemedias

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Así, el bárbaro venido del norte trascendió desde las páginas de la literatura pulp para convertirse en el personaje definitivo del género de espada y brujería. Robert Ervin Howard, su creador, ya había creado otros personajes de similares características previamente, como Kull de Valusia (también llevado con éxito al cómic), pero fue la gran aceptación que tuvo el primer relato de Conan, “El Fénix en la Espada” –  “The Phoenix on the Sword” – publicado en diciembre de 1932 en la revista Weird Tales, lo que impulsó a Howard a realizar el ensayo “La Edad Hiborea” – “The Hyborian Age” – y continuar las andanzas del cimmerio hasta la muerte del autor en 1936. Veinte relatos y una novela – “La hora del Dragón”, “The hour of the Dragon”– más varios fragmentos no finalizados, fueron el legado de Howard sobre su creación más célebre, cuyos derechos de autor pasaron por varios propietarios mientras L. Sprague de Camp y Lin Carter ampliaron la leyenda del bárbaro del norte con nuevos relatos intentando alcanzar la épica de Howard. A mediados de la década de los 60, Lancer Books publicó una serie de doce tomos que compilaban historias de Howard, Carter y Sprague de Camp, llevando el personaje a una nueva generación y alcanzando notoriedad en el medio. A ello ayudaron, sin ninguna duda, las ocho portadas que ilustró Frank Frazetta y que sentaron las bases estéticas del cimmerio en el plano literario.

Por ello no es de extrañar que, en un alarde de olfato artístico y comercial, Roy Thomas se propusiera obtener la licencia del personaje para Marvel Comics y adaptar las historias para el cómic y hacer otras nuevas en ese medio. Con fecha de portada de octubre de 1970 aparecía la primera entrega de Conan The Barbarian con el lápiz de Barry Windsor-Smith y las tintas de Dan Adkins. 275 números y 12 annuals hasta 1993 dan la medida del éxito y longevidad que tuvo la apuesta de Thomas por llevar a las viñetas al bárbaro. Tal fue el éxito que hubo más cabeceras del bárbaro. En 1971 aparecía uno de los primeros magacines de Marvel en blanco y negro, “Savage Tales” y, con fecha de portada de agosto de 1974  “La Espada Salvaje de Conan” – “Savage Sword of Conan” – lucía su primer ejemplar en los quioscos para convertirse en el magazine más longevo de la casa de las ideas: 235 números hasta 1995. A ello súmese otra serie para el recuerdo como fue “Conan Rey” – “King Conan” –, varias novelas gráficas y otras series menores como “Conan The Adventurer” o “Conan The Savage”, quedando estas últimas como ejemplo de la decadencia artística en que se encontraban los tebeos del bárbaro en los noventa en particular, en consonancia con la mayoría de títulos que editaba por aquel entonces la casa de las ideas.

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Durante los 26 años que duró la estancia del bárbaro en Marvel muchos fueron los artistas que le dieron vida: el propio Windsor-Smith,  Alfredo Alcalá, Ernie Chan, Neal Adams, Gil Kane, Tony de Zúñiga, Rudy Nebres, etcétera. La lista es inabarcable, sobresaliendo de forma inapelable John Buscema, el dibujante que dio con el look definitivo de Conan. Posiblemente a muchos aficionados, cuando se imaginan a Conan, les venga en mente la imagen de un dibujo de “Big John”.

Acabada la etapa en Marvel, los propietarios de los derechos de Conan buscaron pastos creativos más verdes en la editorial Dark Horse. No le fue nada mal al personaje ese cambio de aires: la editorial del caballo negro superó el listón creativo de las aventuras del cinmerio con equipos artísticos como Kurt Busiek y Cary Nord – posteriormente Greg Ruth – , Timothy Truman y Tomás Giorello o Brian Wood y Becky Cloonan, quizá los tres tándems creativos que llevaron a lo más alto al cinmerio en las viñetas producidas fuera de Marvel. Las últimas andanzas del cimmerio en Dark Horse llegaron en “Conan The Slayer” de la mano del guion de Cullen Bunn y de páginas cargadas de fuerza dibujadas por un Sergio Dávila en estado de gracia, verdadera estrella de esta serie que supuso el final de la etapa de Conan a lomos del “caballo negro”.

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Ya en enero del 2018 se anunció la vuelta a la casa de las ideas del bárbaro, un año antes de hacerse efectiva. Y desde entonces, mes tras mes, la expectativa no ha hecho más que crecer. El 2 de enero se ponía a la venta uno de los tebeos más esperados del presente año. El primer número del segundo volumen de la legendaria cabecera “Conan The Barbarian”, con el guion del Jason Aaron, el arte de Mahmud Asrar y el color de Matthew Wilson. La grapa además, incluye un relato en prosa, “Black Starlight” a cargo de John C. Hocking, que se irá serializando en entregas sucesivas. Esad Ribic es el responsable de la portada principal (y una variante) y una selección de artistas de renombre para llevar a cabo el resto de variant covers: Bill Sienkiewicz, Skottie Young o Gerardo Zaffino son algunos de los artistas encargados de estas portadas, sobresaliendo por encima de todos la cubierta realizada por Daniel Acuña. Y es que el arte de Acuña – por sus composiciones, dinamismo y sentido de la luz y color – es el candidato ideal para inaugurar una línea de novelas gráficas de Conan en esta segunda etapa en Marvel.

Marvel tampoco ha dejado escapar la oportunidad de celebrar este retorno con todas sus armas artísticas y comerciales. Durante los meses de diciembre y enero ha editado numerosas variant covers de muchas de sus cabeceras donde se muestra a Conan en duelo con muchos personajes Marvel y el año se ha inaugurado con la publicación de varios “True Believers” a 1$ recogiendo números antológicos de la primera etapa del bárbaro, incluyendo entre otros los míticos #1 de “Conan The Barbarian”, “King Conan” y ese maravilloso What If donde el cimmerio visitaba el New York de los 70. A todo ello súmense las reediciones en formato ómnibus de Savage Sword of Conan y de la colección que dio origen a todo, en este caso respetando el color original para diferenciarse de las ediciones que recoloreó Dark Horse. También está anunciado por parte de Marvel que reeditará material de la época en que Conan cabalgaba a lomos de la editorial del caballo negro. Pero no todo es nostalgia y a este lanzamiento del segundo volumen de Conan The Barbarian le seguirá el segundo volumen de Savage Sword y en marzo verá la luz una nueva serie “Age of Conan”, la cual ahondará en personajes secundarios de la edad Hiborea. Ni que decir tiene que la elección para el primer arco es una de las que levanta más expectación entre los aficionados bárbaros: la Reina de la Costa Negra, Bêlit.

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La espectacular variant cover de Daniel Acuña.

Queda patente el tamaño de la gran apuesta tanto comercial como artística que hace Marvel con el retorno de una de las franquicias más celebres del género de espada y brujería. Y en el centro de este huracán se encuentra del tebeo del cual vamos a hablar hoy, el #1 del segundo volumen de la cabecera que lo inició todo en 1970. Tamañas responsabilidad y expectativas recaen sobre esta primera grapa obra de Jason Aaron, Mahmud Asrar y Matthew Wilson y la pregunta es obvia: ¿Está el tebeo a la altura de la ocasión?

Jason Aaron ya ha demostrado tanto maestría para historias de creación propia ( “Paletos Cabrones”, “Scalped” o “Los Malditos“)  como oficio para hacerse cargo de personajes y licencias ajenos ( “Thor”, “Star Wars” o “Marvel Legacy). Aquí lo vuelve hacer. En esta primera entrega del arco titulado “The Life and Death of Conan,” titulada “The Weird of the Crimson Witch” – algo así como “Lo sobrenatural de la Bruja Carmesí” –, Aaron hilvana un argumento que nos lleva desde la época que un joven Conan pasa sus días en Zamora ganándose la vida combatiendo contra gladiadores hasta sus días como rey de la orgullosa Aquilonia vigilando las fronteras del este de la nación. Una amenaza de juventud volverá a enfrentarse al monarca de Aquilonia, quizá esta vez de forma más letal. Con una estructura de guion similar a la que Aaron ya ha utilizado en otras ocasiones (véase su magnífico Thor) y tras la épica introducción necesaria para un número que da comienzo a esta etapa, el argumento transcurre entre los años de impulsiva juventud y la madurez reflexiva del bárbaro. Un recurso narrativo quizá recurrente por el autor, pero no por ello menos efectivo, pues nos permite en un volumen relativamente corto de páginas ver la evolución del personaje por contraste entre los dos momentos de su vida que refleja el relato.

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El funcional trazo de Mahmud Asrar (“Lobezno y la Patrulla-X” o “X-Men Red”) en este número, solvente en las escenas de acción y narrativamente ágil, puede verse perjudicado por las comparaciones – siempre odiosas – con los inmensos artistas que han dibujado a Conan durante todos estos años. Asrar en este número cumple – y con creces para lo que se puede esperar de un relato de espada y brujería – con una narración ágil y vibrante, incluyendo sangrientas viñetas y alguna splash page correcta. No estamos ante una etapa tan rupturista y fresca gráficamente como la que supuso el arte de Becky Cloonan cuando dibujó a Conan en Dark Horse, sino que el continuismo estético se impone con Asrar, ofreciendo posiblemente lo que espera el aficionado de un tebeo de Conan. Digamos, pues, que en esta primera entrega el tono gráfico imperante es, lejos de ser espectacular, solvente. Un dibujo totalmente funcional y al servicio de lo que se cuenta, que quizá conforme avance números de la colección gane empaque y fuerza.

Sin desmerecer el trabajo de Asrar, si en las últimas grapas de Dark Horse Conan brillaba por el dibujo de Sergio Dávila, en este número Conan brilla por el oficio de Aaron, que no ha descuidado ni el tono ni los lugares comunes de los relatos del cimmerio, bien introducidos en la trama. Concluiremos que estamos ante un tebeo que destila oficio para ser el comienzo de esta nueva etapa. Cierto es que promete más de lo que da, pues no olvidemos que es un primer número y el argumento  puede crecer en los siguientes. Un enérgico retorno que ahora se ha de materializar en la buena historia que parece intuirse en este primer número. Sienta bien las bases de lo que puede venir. Quedan las siguientes grapas para comprobarlo y, por Crom, que lo haremos.

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