Solid State: ciencia ficción del despertar [Reseña]

El proceso creativo de una obra maestra es caprichoso. Como suele suceder con toda obra trascendental, a menudo su gérmen aparece de manera casual, en un segundo de inspiración que termina dando lugar a una historia de las grandes. Jonathan Coulton, cantautor norteamericano cuyos temas suelen versar sobre las nuevas tecnologías e internet, empezó a escribir su álbum de 2017 Solid State como una sucinta crítica a la red de redes. Cuando tuvo varios temas compuestos, se dio cuenta de que tenía algo compacto entre manos, un conjunto conceptual susceptible de manifestarse en otros medios diferentes a la música. Siendo un fan confeso de Sex Criminals, Coulton no dudó en ponerse en contacto con el guionista Matt Fraction y ofrecerle su idea, aún algo vaga, para crear una novela gráfica. El otro vértice para la construcción del cómic llegó con la incorporación al proyecto del español Albert Monteys, autor muy en boga por su maravilloso ¡Universo!, obra con la que «Solid State» comparte espíritu.

Adentrándose de lleno en el terreno de la ciencia ficción, Solid State, el cómic, nos ofrece una historia que comienza con tintes clásicos (el despertar de un personaje, utilizado aquí como recurrente transición entre escenas) para tocar diferentes teclas durante su desarrollo. La trama plantea un futuro distópico con dos líneas temporales bien diferenciadas, una muy cercana a nuestros días y la otra bastante alejada en el tiempo. Empezando en ese lejano futuro, el equipo creativo nos presenta una humanidad encerrada entre muros pero aparentemente feliz, aplacada por unas píldoras que provocan una total falta de curiosidad, de sueños y de emociones. En tal sociedad encontramos a Bob, un trabajador que encuentra unos restos humanos que le llevarán a cuestionarse la naturaleza de su realidad.

SolidState3Aunque la premisa no es exactamente original —sociedad distópica oprimida y un catalizador que lleva a su desmoronamiento—, la aproximación de Fraction y Monteys convierten a «Solid State» en algo especial. El cómic se adentra en cuestiones tremendamente actuales desde un prisma de múltiples facetas. Así, los autores nos arrojan a la cara una demoledora crítica a nuestro actual status quo de apariencias en las interacciones virtuales, de esclavitud laboral e ideológica, de apatía hacia la privacidad y dependencia de la tecnología. Además de ello, también se exploran cuestiones de carácter más filosófico, como la necesidad de mantener despierta nuestra inquietud para evolucionar, o la importancia de buscar en nuestros orígenes para poder comprender el presente.
Todo ello se da en el cómic con dos personajes principales, uno en la trama del presente y otro en la del futuro. Los dos se llaman Bob, y durante la obra seremos testigos de las profundas conexiones entre ambos más allá de la coincidencia en su nombre, convirtiéndose en puras metáforas de algunos de los conceptos ideados por Jonathan Coulton.

Si bien el guion de Matt Fraction presenta interesantes recovecos, es el arte de Albert Monteys el que eleva la obra a niveles de calidad inauditos. Los que hemos disfrutado de ¡Universo! sabemos de la línea de excelencia que sigue el barcelonés actualmente, y «Solid State» no es una excepción. Todo en el cómic está representado al detalle, desde la increíble caracterización de los personajes hasta la inagotable imaginación a la hora de diseñar robots, tecnologías, vestuarios o decorados. El dominio narrativo de Monteys me parece absolutamente admirable, mostrando un envidiable manejo de la estructura de página. Como ejemplo, su capacidad queda patente en algunos paneles de página completa en los que se nos muestra un lugar en distintos momentos. Ahí es donde queda magnificada esa portentosa narración visual, tanto en la multitud de pequeños detalles que cambian de un panel a otro como en la disposición y comportamiento de los personajes que aparecen. Sublime.

SolidState1Hemos de agradecer a Gigamesh la aparición en el mercado español (en un bonito formato de tapa dura y tamaño grande) de una obra que en principio estaba pensada para acompañar una edición discográfica. Publicada para el mercado anglosajón por Image Comics, «Solid State» es un increíble ejemplo de cómo una sinergia de creadores de primer orden puede adoptar un material conceptual un tanto etéreo como base y expandirlo a dimensiones que exceden por mucho la intención del original. El resultado es una historia con cierta profundidad que, amén de ser tremendamente adictiva, anima a la reflexión y a la relectura. Es posible que «Solid State» ya se haya contado en otras ocasiones, pero les aseguro que nunca de esta manera. Fascinante.

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