Nightmare Alley: Homo Homini Lupus

El hombre es un lobo para el hombre” es una de las frases célebres que han acompañado al ser humano a lo largo de la historia. Desde que la escribió Plauto (Titus Maccius Plautus; Sarsina, Umbria; 254 a. C.–Roma, 184 a. C.) en su obra “Asinaira” (literalmente “la Comedia de los asnos”) hasta los nuevos bríos que le otorgó el filósofo Thomas Hobbes en el siglo XVII , la afirmación nos ha acompañado hasta nuestros días. La cita completa, «Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit» («Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.»), se utiliza con frecuencia para referenciar la capacidad de cometer atrocidades que poseen los seres humanos para con sus semejantes. Se suele usar tanto para casos de crímenes como para relaciones de intereses humanas que, partiendo de una teórica asociación simbiótica, se tornan parasitarias.

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Dejando a un lado cuestiones sociales y filosóficas, basta con estar al corriente de la actualidad para constatar que la capacidad depredadora del ser humano para con sus iguales sigue ahí. Negarlo desde posiciones “buenistas” es tan equivocado como ir al otro extremo y creer que todo funciona por egoísmos exacerbados sin ningún tipo de limitación ética. Ahora bien, ¿qué ocurre si nos encontramos con un tipo capaz de hacer lo que sea por obtener beneficio? Una de las posibles respuestas la encontramos en “Nightmare Alley”, el cómic que trataremos hoy, una adaptación de la novela de William Linsday Gresham realizada por Spain Rodriguez, editada en castellano por Editorial Drakul.

Soy un timador, maldita sea…
Tengo el negocio del siglo.
En este manicomio de mundo lo único que importa es la pasta…

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Stan Carlisle, “el Gran Stanton”, el protagonista de esta historia, se presentaba así en la contracubierta de la novela editada en 1946 en Estados Unidos. Un tipo con la misma capacidad empática de un psicópata, que no duda en aprovecharse de la ignorancia y credulidad de sus clientes para ir medrando en la vida. Primero trabajando en una feria para, poco a poco, convertirse en “espiritualista” y obtener mayores réditos de sus actividades a costa de lo que fuera necesario. La novela de William Linsday Gresham, con un marcado tono de novela negra, nos narra el auge y caída de este estafador, con el sórdido telón de fondo del submundo que encierran las ferias de monstruos. En esta novela es donde aparece por primera vez el término “Geek” —monstruo de feria— convirtiéndose en popular desde entonces. Una novela que adquirió la categoría de culto y que no tardó en ser adaptada a la gran pantalla en 1947. Nightmare Alley (conocida en España como “El callejón de las Almas Perdidas”) fue dirigida por Edmund Goulding y protagonizada por un Tyrone Power deseoso de ampliar sus registros dramáticos ante el gran público y alejarse de su encasillamiento en papeles románticos. Tanto la película, considerada un clásico del cine negro, como el libro supusieron un éxito en su momento.

Un relato inquietante y vigente a día de hoy, con un alto potencial a desarrollar en otros medios de expresión, como por ejemplo el noveno arte. Y ahí entra la adaptación al cómic realizada por Manuel “Spain” Rodríguez (Buffalo, 22 de marzo de 1940 – San Francisco, 28 de noviembre de 2012), una de las figuras más relevantes del cómic underground estadounidense. Admirado por autores de la talla de Robert Crumb o Joe Sacco, Spain fue uno de los primeros en publicar en la legendaria cabecera underground “Zap Comics”, creada por Crumb. Su característico estilo gráfico ha dejado impronta en la industria, pudiéndose rastrear su influencia en autores posteriores.

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Así, con la adaptación de Spain Rodríguez, la historia de “el Gran Stanton” adquiere nuevo impulso y dimensión. Rodríguez, que asume la totalidad de la adaptación, dota de un ritmo adictivo al relato en el que potencia todo el lado sórdido y miserable del protagonista y su devenir, ampliando la sensación del retrato implacable de un buscavidas sin escrúpulos que medra a costa de lo que sea. Un tipo que aprovecha las necesidades de creer de muchos incautos y desgraciados, material indispensable para que sus trucos sean efectivos. En definitiva, un hombre que es lobo de otros hombres.

Editado en Estados Unidos por Fantagraphics Books en 2003, la novela gráfica fue nominada en Estados Unidos a los premios Ignatz y Harvey. La adaptación al castellano supuso el debut de Editorial Drakul  en la industria española del noveno arte en 2009. Un buen primer paso editorial que supuso la posibilidad para el lector español de acceder a la nueva mirada que aportaba Rodríguez sobre esta obra ya clásica, y que años después su fuerza argumental resiste al paso del tiempo. Una mirada gráfica y narrativa tan inmisericorde como certera, que entronca nuevamente con una de las célebres citas históricas que ha acompañado a la condición humana a lo largo de la historia.

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