Cul de Sac: recogerás lo que siembres [Reseña]

Es un día soleado en la urbanización. El césped brilla con un verdor esplendoroso, el cielo es un lienzo azul inmaculado y el canto de las urracas es la perfecta banda sonora para acompañar una jornada idílica. Un niño pequeño, con su mochila cargada de libros y cuadernos a la espalda, se dispone a cruzar la carretera con una sonrisa dibujada en el rostro. El autobús escolar avanza a gran velocidad por la larga carretera que atraviesa el pueblo. La escena pierde claridad cuando una nube surgida de la nada opaca el sol. El niño está cruzando la carretera con demasiada parsimonia, y el camión se acerca demasiado deprisa. Escapas de tu estupor con varios parpadeos, solo para darte cuenta con horror de que tú eres el conductor, y de que los frenos no funcionan. ¿Qué vas a hacer ahora?

Esta escena no forma parte de Cul de sac, pero me he permitido utilizarla a modo ilustrativo para recrear la ambientación que riega toda la obra de Andrew Shaw y Will PleydonCul de sac —cuya traducción viene a significar “carretera sin salida”— es una antología de pequeñas historias en cuyo corazón late con fiereza el espíritu de antiguas publicaciones como EC Comics Warren Publishing, en tanto que el terror es el gran protagonista de sus páginas. Se trata de historietas breves y sin apenas texto, ideadas con el objetivo de impactar al lector con un homenaje implícito al antiguo modo de contar historias.

CulDeSac2Aunque ambientada en Australia —no en vano el equipo creativo es oriundo del país de los canguros—, enseguida nos damos cuenta de la universalidad del decorado, llegando a dar la impresión de que los relatos suceden en la América de los años 50, con sus urbanizaciones residenciales tan típicas y ese encanto ingenuo tan de la época. Dentro del cómic encontramos una serie de cuentos de terror en los que seremos testigos de la venganza de unas plantas caníbales, la aparición de gente murciélago, la fatalidad de un refugio antinuclear, la maldición de un antiguo ídolo o los peligros de inventar un ingenio que puede ver a través del tiempo. Con ello, tenemos todo tipo de intrusiones de elementos fantásticos en nuestra cotidianidad, siempre emplazada en esos lugares aparentemente idílicos, tal y como los dibuja el imaginario popular. Es en ese choque entre la normalidad y lo extraordinario donde Andrew Shaw y Will Pleydon se mueven como pez en el agua, conformando historias con un perverso nexo en común que tienden a ofrecer un final sorpresivo y contundente.

Las historias incluidas, por tanto, siguen al dedillo el patrón de plantarse en un lugar y un momento aparentemente inocentes —todas comienzan con una viñeta del tranquilo exterior de una casa—, realidades cotidianas que enseguida se retuercen de forma inesperada cambiando totalmente el prisma a través del cual nos metemos en ellas. Hay cierta sensación de transformación, de cambio, que queda sutilmente plasmada en el cómic a través no solo de los elementos fantasiosos, sino de ese pánico nuclear tan en boga en la década de los 50 y que en Cul de sac sobrevuela las viñetas subrepticiamente, como la perfecta metáfora de ese fin de la inocencia y posterior paso a los terrores de la adultez.

CulDeSac3En un plano más superficial, Cul de sac es un entretenimiento pulp con todas las de la ley, que nos retrotrae a esas fábulas siniestras que algunos magos del terror nos regalaron en obras episódicas como Creepshow The twilight zone. Resulta muy curioso contemplar la aproximación visual de Will Pleydon, que huye del típico caricaturismo de serie B para ofrecer un dibujo muy trabajado. Todo su estilo se basa en lo artesanal, tal vez queriendo dotar a la obra de un toque orgánico frente a lo digital, creando así otro homenaje escondido a los creadores de efectos especiales analógicos, verdaderos artífices de pesadillas de plástico y látex. Sorprendentemente, el dibujo funciona a las mil maravillas, y tanto el diseño realista de personajes como el color tan pictórico creado a mano consiguen generar el tono perfecto para los relatos. Es indudable la calidad gráfica del volumen, que de por sí constituye uno de los grandes atractivos de Cul de sac.

Llegamos al final de esta carretera sin salida con una impresión clara. Cul de Sac funciona como un mero divertimento pulp y gamberro con el que satisfacer las ansias del aficionado al género de terror. Pero ojo, la obra de Shaw y Pleydon también oculta una capa más profunda, en la que la subversión de la inocencia genera una metamorfosis en la atmósfera, llevándonos a visitar lugares en los que se nos obliga a asistir a una representación truculenta y enrarecida de la realidad. Una catástrofe que se te echa encima, y ante la que, ya te aviso, de nada te servirá seguir pisando el freno. 

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