Salto: crónica de una pérdida [Reseña]

El miedo es algo inherente al ser humano. Puede ser bueno, ya que nos mantiene alerta, nos enseña a sobrevivir y nos recuerda que seguimos vivos. Pero también puede ser el peor de todos los sentimientos. Especialmente, cuando uno teme a sus propios convecinos. A sus paisanos. Sufrir diariamente por ti y por los tuyos, desconfiar incluso de gente cercana y vivir con el constante temor de que cualquier día alguien te quite la vida en pos de una reivindicación determinada debe ser terrible. El terrorismo, esa lacra social que asoló nuestro país durante muchos años es uno de los temas tratados (con brillantez y maestría, todo hay que decirlo) en esta obra de Mark Bellido y Judith Vanistendael llamada “Salto“.

Los artífices de este cómic, de manera arriesgada y valiente, usan el terrorismo como telón de fondo para presentarnos una historia triste y angustiosa por momentos, enmarcada en los últimos años de actividad de ETA; banda armada ya disuelta, que por aquel entonces tenía amenazados a algunos políticos. Estos, evidentemente, necesitaban a los escoltas privados que les proporcionaba el Ministerio del Interior. El guionista Mark Bellido relata aquí su propia experiencia como uno de esos escoltas que protegían la vida de un alcalde en Pamplona durante cuatro años. Según el propio Bellido: – “Allí no solo perdí mi libertad sino que perdí hasta mi nombre..”. Esta frase, resume bastante bien la angustia que transmite esta obra.

El cómic nos narra el periplo de Miquel (alter ego del propio Bellido) un tipo normal y corriente que vive con su mujer y sus hijos en un pequeño pueblo de Castellón y que trabaja vendiendo chucherías de manera ambulante. Allí es feliz pero no se siente completamente realizado, ya que su sueño es ser escritor. Y para poder alcanzarlo, cree que debe vivir experiencias, reales, auténticas. Él piensa que si no experimenta sensaciones verdaderas no podrá llegar a ser escritor nunca. Así, tras una serie de vicisitudes, decide convertirse en escolta privado de cargos políticos en el País Vasco. Una experiencia que le costará prácticamente todo aquello que ama en su vida.

El cómic retrata de una manera desgarradora la vida de Miquel en su nuevo destino, los sinsabores que le produjo su nueva posición y como esa experiencia le fue alejando cada vez más de su sueño al tiempo que hacía mella en su matrimonio. Moviéndose constantemente entre la realidad y la ficción, Bellido nos deja aquí una trama intensa y muy bien construida. Ciertamente, el trabajo del guionista sevillano, es impecable. Sabe tocar la fibra cuando debe hacerlo y nos acerca de manera muy natural a lo que tuvo que ser vivir de primera situaciones realmente complicadas en unos años difíciles para el estado español.

Algo muy interesante es ver como, el protagonista va pasando por diferentes etapas a lo largo de este viaje. Esto, se refleja muy bien con el cambio de nombre del mismo (de Miquel a Mikel para acabar siendo simplemente Miguel). Otro aspecto fuerte del guion es que muestra las relaciones entre los distintos personajes de una manera soberbia, y como estas, junto con el entorno tan particular en el que transcurre todo, poco a poco van minando la moral del protagonista.

Al buen hacer de Bellido, hay que sumarle el peculiar arte de la autora belga Judith Vanistendael (Sofía y el negro, Los silencios de David) que encaja como un guante con el ambiente que quiere transmitir la historia. Aparte del trazo tan personal y atractivo de la artista (que además es ilustradora de libros y se nota en algunas páginas concretas como tira de todo ese bagaje) hay que destacar sobre manera el uso inteligente que hace de la disposición de las viñetas y el tratamiento del color; harto acertado en los tramos de la historia que requieren el uso de colores cálidos y también en aquellos que necesitan reflejar la oscuridad y la tensión de momentos complicados.

En resumen, una obra muy interesante y que pese a constar de más de trescientas páginas no se hace pesada en ningún momento. Todo lo contrario, diría yo. Te atrapa desde las primeras páginas. Una lectura intensa pero a la vez adictiva sobre la falta de libertad a muchos niveles que también trata temas como el deber, los errores o la camaradería. Todo ello, dentro de un marco que no es fácil para cualquier narrador. Magnífica edición de Astiberri de este “Salto” (dentro de la Colección Sillón Orejero, como siempre) que viene en formato cartoné y que es muy recomendable para cualquier lector que busque historias que le hagan pensar y le conmuevan, por encima de coloridos entretenimientos. Un magnífico cómic que nos recuerda que, en ocasiones, la realidad supera con creces a la ficción.

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