Mi Amigo Luis y Otras Historias: La mirada tragicómica de Carlos Giménez [Reseña]

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Para hablar de Carlos Giménez hay que vestir las palabras de gala. Mentalizarse y aceptar el vértigo de mirar profundamente una carrera profesional inconmensurable. No dudan las manos al teclear que estamos ante el autor de cómics más importante de la historia de este país, España. Autor completo, de  guion y dibujo. “Paracuellos”, “Los Profesionales”, “Barrio”, “36-39 Malos Tiempos”, “Pepe”… Todas ellas obras maestras de la historieta internacional. Ha tocado la ciencia ficción (“Delta 99”, “Homs”, “Dani Futuro”…), la aventura (“Bandolero”, “Gringo”, “Koolau el leproso”…) y sobre todo obra de temática social y aquello que parecía haberse inventado allende los mares, el “slice of life”.

Giménez dio el salto a la profesión en los años sesenta del pasado siglo, y ya en la década de los setenta publica su “Paracuellos” y “Barrio”, obteniendo gran éxito internacional, lo que le anima a seguir explorando la senda autobiográfica. En los ochenta realiza su aclamada serie “Los Profesionales”, obteniendo altas cotas de calidad con su, que diríamos hoy, spin off “Rambla arriba, Rambla abajo”. Hay que reconocer, ya en el siglo XXI,  la labor de editar en condiciones (y con la calidad que merece su obra) desde 1999 hasta 2009 de la mayor parte de su obra de manos de Glénat España. Tapa dura, cada serie con su gama cromática en las cubiertas y muy buena calidad de impresión, todo esto realizado por el controvertido Joan Navarro. Al César lo que es del César.

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En 2012 aparece, sin esperarlo, el número 1 de una serie de 5 que narra la historia de José González: “Pepe”. Gracias a Panini tenemos completa una de las últimas obras maestras, hasta la fecha, de Giménez. Un entrañable, canalla, divertido y emocionante homenaje al dibujante que mejor hacía las mujeres y al que todos copiaban en la agencia de dibujantes de Filstrup, allá en los felices setenta. En el presente, a día de hoy, es a Reservoir Books a quienes tenemos que agradecer que Carlos Giménez siga llegando a nuestras tiendas de cómics. En un formato elegante, quizá el que mejor ha vestido la mágica narrativa gráfica del autor, nos van regalando las obras que Giménez sigue ofreciéndonos con cierta regularidad: “Crisálida” (2016), “Paracuellos 7″ (2016), “Paracuellos 8” (2017), “La máquina del tiempo” (2017), “El Discriminador” (2018), “Canción de Navidad” (2018), “Punto Final” (2019) y el que nos ocupa, que salió en octubre: “Mi amigo Luis y otras historias”.

Si bien en sus últimas obras autobiográficas vemos a un Carlos Giménez algo derrotado emocionalmente por diversos avatares de la vida (y porque es un romántico en el sentido cultural y artístico), aquí tenemos a un autor que nos cuenta sus recuerdos y anécdotas con un enfoque más clásico, más cercano a su obra anterior. Retazos de los años de la posguerra, de su época moza de dibujante primerizo, historias de recuerdos y reencuentros donde ya no somos lo que éramos, o quizá sí. Giménez maneja la narración como nadie: es un maestro en el diálogo de personajes, en cómo interaccionan y cómo todo fluye página a página. Las conversaciones son verosímiles y la manera en que están dibujadas también. Los personajes se mueven y expresan con la credibilidad de ser de verdad, el hecho de ser dibujados es anecdótico, son de carne y hueso. El costumbrismo es siervo de Giménez, si lees una historia suya te metes dentro del cómic, te olvidas que lo estás leyendo. Como en una buena película te olvidas de que son actores. Carlos Giménez consigue que te olvides que estás leyendo un cómic porque estás viviendo la historia. Sólo vuelves en ti cuando rompe la cuarta pared, al final de las historias, para darte una frase con moraleja o con puntilla, acercando un cubata hacia ti en escorzo, para que brindes con él.

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Respecto al apartado gráfico, decir que Giménez es un monstruo del blanco y negro. No hay tramas, ni grises ni rayados efectistas. Es un blanco y negro equilibrado y perfecto, donde todo trasmite la sabiduría atesorada por el maestro del tebeo. Un dibujo ágil, suelto, con pincel virtuoso y seguro, que no ha perdido la excelencia y destreza acumulada en tantas y tantas páginas. Los personajes son expresivos como antaño, como acompañando a la letra siendo conscientes de que no hay sonido. Algo similar al cine mudo. Cosa que, oiga, se agradece en esta época de tanta uniformidad expresiva, casi gris, en la que desencajar al personaje o sacarle una mueca parece fuera de lugar.

Este volumen está compuesto de cuatro historias. La que da título al libro,  “Mi amigo Luis”, revive una experiencia de infancia que le contaron a Giménez, donde el niño es el gran perjudicado de los conflictos de los adultos, los cuales ni reparan en reflexionar sobre cómo la evolución de los acontecimientos le afecta al pequeño Alfonsito. A continuación, “Crepúsculo” reflexiona sobre los amores de juventud y cómo la edad y el paso del tiempo dibuja contornos y cambios físicos que nos convierten en personas diferentes a aquellas que fuimos, tanto en lo emocional como en lo puramente superficial, nuestro aspecto. Narrado con ese tono agridulce que se maneja en un equilibrio espléndido para no caer en la autocompasión.  En “Julianito” reflexiona sobre sus inicios como dibujante, en lo que podría ser un capítulo más de su esencial serie de 5 tomos “Los Profesionales”. Cierra la obra “Nostradamus”, donde nos reencontramos con muchos rostros de aquellos dibujantes de la agencia de Josep Toutain/Filstrup en una historia con fechas de entrega, humor y esoterismo que nos devuelve la agilidad cómica de Giménez. Esa tragicomedia tan difícil de hacer, tan deudora de la tradición literaria española, es el terreno donde Carlos Giménez se luce y destaca por encima de cualquier otra circunstancia, equilibrando drama y humor de un modo impecable.

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Leer a Giménez es leer, en mi caso, a tu padre contándote sus historias un domingo en el arroz familiar; o al abuelo frente a la estufa contando sus vaivenes de esa manera que él sabía hacer para mantenerte cerca, escuchando entusiasmado. Es escuchar a un contador de historias, un flautista de Hamelín dotado con la virtud del cuentacuentos exquisito que te hipnotiza y no sabes por qué. Esperemos que a Carlos Giménez sigan acompañándole las musas y las ganas, para que siga regalándonos sus obras y agrandando  aún más, si es que eso es posible, su lugar en el Olimpo de los maestros de la historieta. Por muchos años, Maestro.

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