Marsupilami. ¡Bienvenido a Bingo! La buena salud de un personaje entrañable

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La Bande Dessinée franco belga a lo largo de su historia atesora nombres de grandes autores que han conquistado la inmortalidad con sus creaciones: sirvan de ejemplo, entre otros, Hergé con Tintin, René Goscinny y Albert Uderzo con Astérix, Jean-Michel Charlier y  Jean Giraud Moebius con Blueberry,  Edgar P. Jacobs con Blake y Mortimer, Peyo con los Pitufos, Morris con Lucky Lucke… Personajes que son patrimonio universal para cualquier amante de las viñetas. Cada uno con su personalidad propia tanto en lo literario como en lo gráfico y que han sobrevivido al creador. Como el caso del personaje que nos ocupamos hoy: el entrañable Marsupilami de Franquin.

Hablar de André Franquin (Etterbeek, Bélgica, 3 de enero de 1924 – Saint-Laurent-du-Var, Francia, 5 de enero de 1997) es hablar nada más ni menos que del padre de Spirou y Fantasio, “Modeste et Pompom”  y Tomás el Gafe (“Gaston Lagaffe”). Fue quizá el alumno más destacado de lo que se llamó la “Escuela de Marcinelle” (“École de Marcinelle“), aquel grupo de dibujantes que creció en torno a Jijé, otra de las leyendas del medio. Su estilo, totalmente alejado de la línea clara, se caracteriza por un trazo que denota un fuerte movimiento proporcionado dando una personal vitalidad a sus viñetas. Un estilo que creó escuela y se puede rastrear en numerosas publicaciones, tanto en los autores que recogieron el testigo de sus creaciones  como en otros personajes y series europeas. Tan grande es su influencia que se puede rastrear en la historieta española: Ahí queda ese híbrido entre “Spioru” y “Tomás el Gafe” que es “El Botones Sacarino” de Francisco Ibañez, al igual que algunos elementos abigarrados que se pueden apreciar en las viñetas del maestro creador de “Mortadelo y Filemón”, propios de Franquin y que el genio de la escuela Bruguera supo asimilar dotando de mayor brío a sus creaciones.

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Con permiso de Spirou, una de las creaciones de Franquin que sigue conservando vitalidad editorial es el entrañable Marsupilami, con más de ocho metros de cola y a punto de hacer 7 décadas de existencia. Nacido en 1952 en las páginas de Spirou y Fantasio, fue un personaje secundario recurrente en la etapa de Franquin en la serie, el cual conservó la propiedad del mismo tras abandonar la cabecera. Años después, en la década de los ´80, supervisó la serie de álbumes dibujados por Batem. Serie que no ha dejado de publicarse contando ya con 33 referencias en el mercado franco-belga. Esa es la fuerza de este personaje, que ha contado también con revisiones de otros autores y dos series animadas de televisión. El “amigo marsupial” (“Marsupilami” resulta de la combinación de “Marsupial” y “ami”, amigo en francés) sigue la estela de su hermano mayor “Spirou”, siendo ya considerado otro icono de la Bande Dessiné.

Si bien al cruzar los pirineos, las ediciones del personaje natural de la selva de Palombia no han contado con la continuidad que merecían, Editorial Base ha apostado de un tiempo a esta parte por saldar esa deuda con el aficionado español, publicando la serie de Dupuis en castellano y catalán. Y no solo comenzando la publicación por los primeros seis títulos que publicó en su día Salvat. Sino también trayéndonos al mercado las últimas aventuras del personaje. Como el tebeo del que nos ocupamos hoy: “¡Bienvenido a Bingo!”, el trigésimo segundo álbum de la colección publicado en el 2019 por Dupuis al otro lado de los Pirineos.

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“¡Bienvenido a Bingo!” nos brinda una historia para todos los públicos, de esas que hacen cantera de lectores, en la que el Marsupilami abandonará su exótico entorno palombiano para buscar a su hija Bibi, extraviada en una maleta de la bióloga Diane Forest, que ha abandonado la selva para defender un milenario cactus que corre el riesgo de ser talado en aras de la expansión urbanística. Así comienza el guion de Colman, en el que va a desarrollar una aventura de búsqueda en la que estarán presentes elementos como el ecologismo, la crítica a la expansión inmobiliaria a toda costa y unas deformadas visiones del machismo y feminismo llevadas casi a lo grotesco, que sirven para proporcionar algún que otro gag.

En cuanto a lo gráfico, Batem , que después de tantos años domina a la perfección todo lo relativo a este animalito, nos brinda páginas que siguen la estela de calidad de la serie. Sin estridencias ni sorpresas y con un alto grado autoreferencial, que satisfarán a los fans del personaje, y manteniendo el encanto y el nivel de lo que se espera de una serie como ésta.

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Por ello celebramos que a tan solo un año de la edición original de Dupuis, Editorial Base haya traído en castellano y catalán “¡Bienvenido a Bingo!”  a las librerías de este lado de los Pirineos. 48 páginas en formato de álbum europeo en tapa dura que son perfectamente disfrutables por cualquier lector, conozca o no al personaje. Es lo que tiene la creación de Franquin, que mantiene su atractivo. Este tebeo además,  por tono y estilo mostrado,  nos reafirma en la idea de que en Palombia y alrededores queda mucho que contar. Y nos alegra que esté disponible por estos lares.

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