Lobezno y Nick Furia: Conexión Escorpio, de Archie Goodwin y Howard Chaykin [Retrospectiva]

Comenzaban los últimos diez minutos de vida de David Nanjiwarra. Empezaba el “sueño” , el modo en que los ancianos de su tribu hablaban de algo que ni ellos ni nadie que conociesen habían experimentado directamente. No era una mala manera de pensar en su vida desde que se fue de Australia. Trabajando, dos años, duramente en un negocio condenadamente frustrante. Y ahora a seiscientos metros por encima del rio Urumbamba, entre las ruinas del Machu Pichu, el trabajo de espía se estaba complicando. Con la tapadera de un equipo arqueológico, la unidad anti terrorista de S.H.I.E.L.D llevaba en Perú poco menos de una semana. Después de varios informes, las ordenes eran recoger y marcharse. Hasta que en un suspiro todo vuela por los aires, el equipo cae abatido y Nanjiwarra muere. Hay un detalle que queda grabado, un pequeño disco apoyado en el frio cadáver del espía, con el símbolo de un escorpión.

Así comenzó todo, en la mente de Archie Goodwin (Star Wars, “Manhunter” o “Batman”) para unir los destinos de Lobezno y Nick Furia. Goodwin trabajó por primera vez para Marvel Comics en 1968 y fue el escritor de la serie de Iron Man de ese año. Posteriormente, crea al heroe afroamericano callejero más conocido de todos, Luke Cage, hasta que llegó a ser editor jefe de Marvel Comics. Después de escribir los guiones de “Nick Fury Agente de SHIELD” 6 y 7 en 1968, quiso en los ochenta continuar con ese tipo de historias. Con el fin de recuperar el misterio de Escorpio, uno de los componentes de la banda criminal conocida como “El Zodiaco”. Durante esa época, la popularidad de Lobezno comenzaba a subir entre el público, de ser un personaje con mucho potencial pero un poco marginal fue pasando a tener cada vez más protagonismo hasta ser uno de los iconos principales del Universo Marvel, incluso llegando a ser uno de los personajes de cómic más conocidos del mundo. Ese éxito vino dado por su carácter increíblemente irascible y con un código de conducta realmente sorprendente y con poco nivel de etiqueta. Era el anti-héroe de pies a cabeza, que nuestro guionista supo ver para utilizarlo en esta historia. Goodwin se percató que el co-protagonista ideal para este tebeo y el más indicado sería Nick Furia. Así logro unir al más duro y mejor en su trabajo, con el mejor espía y la organización principal de espionaje del mundo Marvel. Ambos formaban el equipo que Goodwin quería, mezclando la veteranía y la rudeza en una misma historia, con un sentido moral de los dos personajes muy diferentes y en algunas ocasiones hasta contrapuestos.

A los lápices de este tebeo tenemos al gran Howard Chaykin (“Black Kiss”, “American Flagg”, “The Shadow” o “Los Estados Divididos de Hysteria), uno de los grandes autores del mundo del cómic. Uno de los pesos pesados de la industria, un gran artista con una narrativa innovadora y en algunas ocasiones con material ligeramente polémico. Una de las sorpresas de este proyecto fue el interés que demostró el dibujante Howard Chaykin por el mismo. Un artista que ya se había encargado de ilustrar un comic de los años setenta, donde se reveló la fórmula “Eternidad” que mantenía joven a Nick Furia. Para esta obra Chaykin, trabajó con lo que se llamaba el “Método Marvel”(se escribe el argumento, luego va el dibujo y posteriormente se insertan los bocadillos en las viñetas). Se hizo de esta manera porque querían que esta novela fue uno de los hitos más destacados de ese año.

Conexión escorpio df

En nuestro país se publicó por parte de Planeta de Agostini en noviembre de 1990, en la colección de novelas gráficas de Forum. Posteriormente en junio de 2013 se reedita por parte de Panini Cómics, en un tomo de la serie Marvel Gold. Este último tomo fue editado con otra dos novelas gráficas relacionadas con la unión de Lobezno con Nick Furia, que incluían la novela gráfica “Decisiones Sangrientas” con Tom Defalco y John Buscema y “La Rebelión de Escorpio” con Howard Chaykin y Shawn McManus. Después de terminar de releer esta historia, decir que se mantiene con un nivel aceptable. Un historia de espías sin mucha complicación, que si hubieran editado de manera independiente pues hubiera sido mejor acierto. El último tomo de Panini se puede considerar más un refrito de historias de los dos personajes que una relación directa con el título del tomo.

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