El Bosque de los Suicidas: Terror entre el mar de árboles

El Bosque de los Suicidas Texto 1

En Japón, entre la prefectura de Yamanashi y la de Shizuoka, cerca del Monte Fuji se encuentra uno de los lugares malditos de la cultura del país del sol naciente: Aokigahara (青木ヶ原), también llamado el “Mar de árboles” (樹海 Jukai) es un lugar cuya fama ha traspasado las fronteras nacionales, ya que es el sitio elegido por muchas personas para suicidarse. Es “El Bosque de los Suicidas”.

Ya desde antaño está asociado este paraje a espíritus y demonios de la cultura japonesa. Hay textos con una antigüedad milenaria que indican que el bosque está maldito. En épocas pretéritas fue uno de los lugares para practicar el “ubasute”  u  “oyasute”, términos con los cuales se designa el abandono que practicaban las familias pobres en Japón, cuando en épocas de escasez no podían alimentar a ancianos moribundos y bebés. Así Aokigahara fue la última morada de la existencia de esos débiles abandonados por sus seres queridos antes de morir por  inanición. A ello súmese la funesta relevancia que ha adquirido el lugar desde que en 1960  Seicho Matsumoto, publicó “Nami no Tou”, una novela que finaliza con los protagonistas suicidándose en este bosque. Por si fuera poco, en 1993 Wataru Tsurumi  avivó la llama con “El completo manual del suicidio” (完全自殺マニュアル, “Kanzen Jisatsu Manyuaru“) donde se señala esta ubicación como ideal para quitarse la vida.

“Nunca lo olvides:

caminamos en el infierno,

mirando las flores.”

Kobayashi Issa (1763 -1827)

El Bosque de los Suicidas Texto 2

Será porque realmente entre sus árboles more algún que otro “Onryō” (怨霊). Será porque los yacimientos de hierro magnético cercanos provoquen que los GPS  y las brújulas dejen de funcionar…. Será la autosugestión provocada por la asociación histórica de este lugar a lo maldito… En todo caso, la inquietud reina cuando se evoca y piensa en Aokigahara. Un lugar que llamó la atención a Juan Torres, más conocido como “El Torres” (“Phantasmagoria”, “Bribones” o entre otras, “Nancy in Hell”) para construir una de las historias más célebres de su ya extensa carrera como guionista. Nos referimos a “El Bosque de los Suicidas” (“The Suicide Forest”), uno de los trabajos con los que el guionista malagueño y Gabriel Hernández Walta (“Sentient”, “La Visión” o “Magneto”) se situaron en el panorama internacional hace ya una década. Una obra agotada desde hace años en su edición española y en la que la especulación hacía su agosto. Por suerte para los aficionados, Karras cómics acaba de subsanar esa carencia con la nueva edición de “El Bosque de los Suicidas”, recién estrenada en las librerías este mes.

Publicada originalmente en Estados Unidos por IDW Publishing en una serie de cuatro grapas entre 2010 y 2011, en España vio la luz con Dibbuks ya directamente en un formato tomo, que hoy es una especie de Grial para los aficionados. Diez años después de su nacimiento, “El Bosque…” vuelve, pero no como una reedición cualquiera. Lo que nos presenta Karras bien podría catalogarse como la edición definitiva, donde los autores se han implicado, con la experiencia adquirida en estos diez años, para que este estreno viera la luz desde el mayor mimo y cuidado posible: Walta ha re escaneado todas las páginas, mejorando algunas de ellas retocando lo que consideraba oportuno. La rotulación y el orden y ubicación de los bocadillos en las viñetas han sido revisados. También El Torres ha revisado todos los diálogos.

El Bosque de los Suicidas Texto 3

Así nos lo avanzó Kris Karras en la entrevista que nos concedió, y el resultado final así lo demuestra: La nueva edición es ideal para perderse entre este mar de árboles, para que quedemos totalmente hechizados por el magnetismo que desprenden estas páginas. Con el maravilloso arte y color de Gabriel Hernández Walta, que nos sumerge sin remisión en la historia y en las sensaciones que sabiamente dosifica El Torres en este relato.

Un relato que, al que firma estas líneas, siempre le ha parecido que es de los que se deben leer de tirón (no me gustaría haber estado entre los que compraron esta serie en formato grapa mensual: Tener que esperar mes tras mes a descubrir la continuación hubiera sido una condena). Porque esta historia es de las que atrapan desde su primer momento, desde esa aparente sencillez que página tras página se enriquece con un sólido guion y una excelente documentación y ambientación. Porque el arte y sensibilidad de Walta queda patente a cada una de las viñetas, seduciendo a cualquier aficionado que abra esta obra. Por ello, la edición de Karras se nos antoja perfecta y certera en su cometido para adentrarnos en el bosque. Sin más aditivos que la obra en sí misma, sin ningún extra, que sabiamente Karras los ha destinado al maravilloso complemento que es “Cuentos de El Bosque de los suicidas”, del que hablaremos en otra ocasión. Por concepto, la experiencia lectora que ofrece este volumen es plena y máxima con el contenido que encierra, sin necesidad de acompañarse por nada. Las 104 páginas en tapa dura que Karras  nos ofrece en este volumen son de las destinadas a ocupar un lugar destacado en cualquier biblioteca que se precie. Por las altas cotas dramáticas y artísticas que atesoran estas páginas, estamos ante la edición definitiva de una obra que lo merece.

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