Superlópez: La gran superproducción. ¡Silencio, se ríe! [Retrospectiva]

Superlópez La Gran Superproducción Texto 1

Juan López Fernández, más conocido como Jan, es uno de esos nombres asociados a la infancia de los que ya peinan canas, como el arriba firmante. Nacido en 1939, desde muy joven se interesa por el mundo del dibujo y de la animación. En 1956 comienza a realizar sus primeros pinitos y a día de hoy todavía continúa en activo a sus 81 años. Tras un paso por Cuba, a su vuelta a España sigue con su afición al dibujo y colabora en diversos medios relacionados con el tema. Es en 1973, y a petición de Antonio Martín de crear una parodia de Superman para una pequeña editorial barcelonesa llamada Euredit, cuando surge la primera versión de su personaje icónico más famoso y celebrado: Superlópez. Al año siguiente, 1974, recala en la poderosa Editorial Bruguera y podríamos decir que comienza su leyenda. Tras crear algunos personajes y colaborar en diversas cosas, en 1978 le piden una colección nueva para la editorial y decide retomar su personaje narigón, bigotudo y embutido en mallas. Renuncia a escribir los guiones, por problemas con la propia editorial, y este trabajo recae en nombres míticos del cómic español como fueron Conti y Federico Pérez Navarro, que por aquel entonces firmaba como Efepé. Junto a este último crea las primeras aventuras largas del personaje con su origen, sus villanos y sus paródicos compañeros del Supergrupo.

Ya en 1980 decide encargarse también del los guiones y abandonar el tono superheróico para meter en sus historias las cosas que le gustan y que le han marcado. En 1980 publica Los alienígenas, basada en la película La invasión de los ultracuerpos. En 1981 llegan dos nuevas historias, El señor de los chupetes (con claras referencias a la mítica obra de Tolkien) y La semana más larga, todo un homenaje al género noir. Al año siguiente, 1983, publica Los cabecicubos, una fabulosa crítica a los totalitarismos. Y es en 1984 cuando comienza la creación del álbum que hoy traemos a la web, La gran superproducción.

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Con Bruguera ya en crisis se empieza a serializar en los tres primeros números de la revista que lleva el nombre del protagonista, “Superlópez”. En mayo de 1985 se publica la primera edición en forma de álbum. En La gran superproducción nos vamos a encontrar una sucesión de gags divertidísimos sobre el mundo del cine y de cómo se hace una película desde su origen hasta que la podemos disfrutar en una gran pantalla. Jan aparta a un lado el género superheróico y se centra en la pura diversión, que a la postre se convierte en una de las claves del éxito de la historia que se compone de ocho capítulos: Sorpresas del regreso, Los astros taquilleros, El guión maldito, ¡Silencio, se rueda!, ¡Corteeen.. el presupuesto!, A falta de medios, buenas son tortas, El gran estreno y Como el rosario de la aurora.

Superlópez regresa de las aventuras sucedidas en el anterior álbum y, para su sorpresa, se encuentra con que las oficinas de su trabajo se han convertido en una empresa dedicada al mundo del cine llamada Llauna Films S. A.. Para no ser menos que sus compañeros decide escribir un guion que no es más que una mala copia de uno de los grandes éxitos del momento, Conan, y decide trasuntar al personaje y llama a su historia “Tronak, el karbaro“. La empresa tiene la idea de hacer un histórico biopic sobre Jaume I, el Conquistador pero por un error acabarán adaptando el guion que ha escrito Juan López, el alter-ego de Superlópez. Dará comienzo las desternillantes vicisitudes para llevar a cabo el proyecto con un paupérrimo presupuesto. Desde la elección del director, Cecilio Bemille, del que su “Macbeth visto por detrás” lo va a rodar su tía, hasta de algún octogenario actor ya casi olvidado, Brut Kanlaster, que hace muy bien de muerto. Nombres que ya se han convertido en inolvidables como el hijo de la portera que se dedica a “zumbar tequis”, el niño Marcelino Vinopán y sus frases miticas: “¡Me vengaré, ya lo creo que me vengaré!” y el “¡Lárgame un cilindrín, fotero!”; la actriz Valerie Astro, que solo sale vestida si el guion lo exige o el joven Miguelito Miguel Gómez, “míster piernas 86” de la discoteca Kalamitad. Todo será un auténtico desastre, en el que Superlópez acabará ejerciendo de director y montador, y el visionado de la película con todas las grandes personalidades del Masnou que asisten atónitas al esperpento que están visionando (“¡Esto es una birria!”) será el final perfecto de la historia en la que no faltarán los críticos de cine gafapastas que tildaran a la película como una “alusión al imperialismo y a la sociedad de consumo“.

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En definitiva, La gran superproducción es un clásico del cómic español que se merece una lectura cada cierto tiempo si te encuentras de bajón o si simplemente quieres pasar un rato divertido. Y a ver si alguien le puede aclarar ya a Luisa Lanas qué demonios es una script-girl….

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