Los Niños de la Resistencia 4. La escalada. Crecer en 1942

Los Niños de la Resistencia 4 Texto 1

Decididamente 1942 no fue un buen año para ser un niño en la Europa continental. El ascenso de los autoritarismos por el continente junto con la expansión bélica del Tercer Reich no era el mejor lugar para poder habitar. Bajo coacciones y con la sensación de eventualidad una gran parte de la población aguantaba como podía. La otra, porque siempre en todo conflicto los seres humanos toman partido en un bando, vivía cómoda en ese “nuevo orden” instaurado por el totalitarismo. El mejor ejemplo de ello fue la Francia, tanto la ocupada como la “libre”. Y pongo el último término entre comillas porque el régimen de Vichy de Pétain caminó al son que el Tercer Reich marcaba.

En ese contexto no era difícil observar que era sencillo poner a cualquier conciudadano bajo el punto de mira de la represión: bastaba con una denuncia anónima diciendo que era judío para que al acusado se le pudiera privar de libertad.  En el otro extremo, muchos franceses continuaban de forma secreta y clandestina con la tarea de luchar contra el fascismo, mientras en las islas británicas se iba gestando la recuperación de Europa. Así, como acto de resistencia, muchos ayudaron a los que el nazismo y el régimen de Pétain tachaba de proscritos, fuera por ideas políticas o simplemente por pertenecer a una etnia en concreto. Mientras tanto la propaganda supremacista oficial plagaba las calles demonizando con carteles grotescos a los perseguidos.

Los Niños de la Resistencia 4 Texto 2

“Estábamos en febrero de 1942, y ya no nos bastaba con provocar al ocupante con muñecos de nieve. Ya habíamos hecho grandes cosas”

La infancia de muchos franceses de aquel 42 fue en muchos casos la constatación de una toma de conciencia ante el horror que venía asolando sus calles. Y como los adultos, muchos de esos niños, colaboraron en actos de resistencia frente al totalitarismo, el del ocupante en la zona invadida y el del cómplice en la zona libre, que aprovechó la coyuntura para eliminar libertades individuales. Esa es la época en la que vivieron y maduraron François, Eusèbe y Lisa, los protagonistas de “Los Niños de la Resistencia 4. La escalada” (“Les Enfants de la Résistance 4.  L’Éscalade”), la cuarta entrega de la serie de  Vincent Dugomier y Benoît Ers de la que nos ocupamos hoy.

Así la tensión iba creciendo entre los pueblos y gentes del país galo mientras la adolescencia se abría paso en los protagonistas del relato, que  Dugomier los utiliza como ejemplo de aquellos chavales reales que vivieron y realizaron auténticos actos de resistencia frente al nazismo. Pequeños gestos que podían servir para que muchos fugitivos pudieran conseguir un poco de esperanza lejos de la persecución que sufrían. Actos que proporcionaban información clave para aquella resistencia que empezaba a coordinarse. Todo ello lo sintetiza de forma magistral Dugomier en el relato que nos ocupa hoy, mientras nos ilustra con ejemplos de aquellas calles cada vez más divididas entre los que tenían tendencias filo nazis y los que solo querían vivir en libertad. Unas calles y unas gentes perfectamente captadas por el arte de Benoît Ers, que nos retrotrae nuevamente con su trazo a aquella época difícil y la vez llena de esperanza, la de unos chavales y adultos que no se resignaron a ser cómplices de la barbarie que asoló Europa.

Los Niños de la Resistencia 4 Texto 3

Así planean dos ideas que son motor de este tebeo en concreto, dos elementos que van asociados pero son perfectamente identificables: Por un lado, el sutil comienzo de la Resistencia Francesa (muy bien documentado en el dossier que aporta Ers al final del cómic) y la convicción de los jóvenes protagonistas de que cada vez hay que llegar más lejos, ser más efectivos en sus acciones y seguir tomando partido, aunque cada vez las consecuencias de un error se tornen más peligrosas.

Eso es lo que nos encontramos en el cuarto volumen de “Los Niños de la Resistencia”, editado en formato europeo por Editorial Base, y que respeta al milímetro el original de Éditions du Lombard. 58 páginas de historia viva del siglo XX europeo, contadas desde la perspectiva de uno de aquellos pequeños héroes que pusieron su grano de arena para que Francia recobrara la libertad, para sí misma y para sus gentes.

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