Whope y los Señores de la Plaga: La identidad de la heroína

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A veces me preguntan que es lo que se necesita para ser una superheroína”


Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Este lema, intrínseco a Spider-man, renovó el concepto del superhéroe en los años ´60, cuando Marvel comics revolucionó el medio. Desde entonces, el concepto del héroe con pies de barro, con motivaciones y necesidades propias de cualquier mortal, se impuso de forma universal. A partir de ahí la evolución fue imparable y década tras década el concepto del mito pop del siglo XX fue creciendo a cada generación, trayendo consigo lecturas mucho más maduras y descarnadas de lo que supone ser un superhéroe. Baste citar nombres que han dejado su impronta en esa evolución del género como, entre otros, Alan Moore, Frank Miller, Chris Claremont, John Byrne, Grant Morrison, Jonathan Hickman, Warren Ellis o Mark Millar, por citar solo unos cuantos. Autores que tuvieron en cuenta que se pueden contar historias más elaboradas, dirigidas a un público que va creciendo y madurando: un lector que espere algo más que la típica diatriba infantil de «¿Quién es más fuerte? ¿El superhéroe X o el Dios Y?”.

Dicho lo cual, la base de que el género superheroico ante todo es (y así ha de ser) «entertaiment» no la perdemos de vista. Pero esa premisa no debe limitar las propuestas creativas. Javier Marquina (“Abraxas” o “1585. Empel”) es consciente de ello. Ya lo fue, y de forma notable, en su primer acercamiento superheroico con “Aquí nunca pasa nada”. Y lo vuelve a ser con «La Tercera Ley de Newton» y con el tebeo que es objeto de nuestra atención hoy: “Whope y los Señores de la Plaga”, donde se acompaña del arte de Jaime Arántegui y Guillermo Montañés para dar una nueva vuelta de tuerca al concepto de ser superpoderoso.

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Whope es una superheroína de origen indio que va a servir de vehículo a Marquina para ahondar en lo que implica ser un héroe: Lo que conlleva y las consecuencias que trae consigo. Todo hilado en un relato descarnado, que no mira a otro lado cuando el horror hace acto de presencia, y así lo atestigua el acertado dibujo de Arántegui de forma explícita y contundente. Aquí los golpes duelen, los cuerpos sangran y las víctimas se desangran. El polvo aparece en las ruinas tras la batalla. Y hay bajas…

Bajo esos parámetros más realistas (porque una amenaza de otro mundo no es un festival pop) es donde germina el desarrollo de este relato que pivota excelentemente sobre la revisión del concepto heroico y aceptación del destino. Si es que eso existe…

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Así se edifica esta historia que tiene en el arte de Jaime Arántegui el motor principal para trasladarla a una narración gráfica contundente, fría y certera. Como el mundo que puebla Whope, cercano y a la vez árido. Donde el color de Guillermo Montañés (“Aquí nunca pasa nada” y “La Noche perdida de Luis Buñuel) tiene mucho que decir. Montañes, con la asistencia de Romina Molist (que también se encarga de la rotulación), da con los colores que sirven de puente entre la mitología pop clásica de los tebeos de superhéroes y la crudeza que planea en Whope.

En consecuencia, estamos ante un tebeo que vuelve a demostrar que no es necesario estar bajo el paraguas de una major para producir un excelente relato superheroico adulto. Que lo importante no es la marca, que no es más que un sello. Que lo que se ha de valorar es lo creativo, y en Whope hay mucho de esto último.

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“Whope y los Señores de la Plaga” es el primer tomo que edita la independiente Inuit Ediciones , tras los pasos previos con “Abraxas en cuarentena” y “Cómo hacer un cómic sin tener ni puta idea”. Este cómic no va a llegar al público de una forma convencional. Ni tan siquiera a través de un crowfunding independiente. Dos tiendas de comics nacionales, Mil Comics y Omega Center, han apostado por distribuir y vender en exclusiva esta obra. Un ejercicio de buen olfato editorial sin ninguna duda. Mayor que el de muchas de las grandes editoriales del mercado español, que solo van al caballo ganador que son las licencias internacionales. Que darán dinero, pero no crean ni industria ni tejido. Por suerte en este país existen muchas editoriales independientes y tiendas que creen en las apuestas a medio y largo plazo para dignificar el medio. Porque esa y no otra es la forma de hacer industria. Y tebeos como éste pueden contribuir a ello, porque «Whope y los Señores de la Plaga» mira de tú a tú a cualquier cómic de superhéroes que se precie. Y no solo devuelve la mirada, sino que la aguanta con desafío. La semana que viene, que es cuando se pone a la venta, cualquier aficionado podrá corroborarlo.

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