Los Cantos de Maldoror: Embrujo atemporal

Los Cantos de Maldoror Texto 1

El pasado 16 de junio era la efeméride señalada. Se cumplían cien años del nacimiento de uno de los maestros del cómic español: Antonio Hernández Palacios. Toda una figura que sigue presente en la retina del aficionado del cómic. No es para menos. A lo largo de su carrera dejó auténticos tesoros gráficos que muchos atesoran mientras que nuevas generaciones se acercan y asombran con las nuevas ediciones de su legado. Baste comprobar “El Cid”, que conserva la misma fuerza de cuando fue dibujado, “Manos Kelly” o “Mac Coy”, por citar solo unos cuantos de una extensa lista de trabajos notables. Obras que Ponent Mon se ha cuidado de seguir editando para deleite de los gourmets del noveno arte. A estos títulos viene a sumarse uno muy especial: “Los Cantos de Maldoror”, que hoy centra nuestra atención.

“Los Cantos de Maldoror” es una obra de Isidore Ducasse (Montevideo, Uruguay, 4 de abril de 1846 – París, Francia, 24 de noviembre de 1870), conocido como el Conde de Lautréamont (Comte de Lautréamont). Poeta de vida breve, pero huella intensa en su legado, sus textos fueron el germen precursor del surrealismo que llegaría en el siglo XX. Englobado en la corriente decadentista intelectual de las últimas décadas del siglo XIX, los textos de Ducasse suponen un desafío, tanto en lo formal como en lo estético, para la sociedad en la que vivió. Una provocación hacia Dios y la humanidad, tal y como se entendía en la burguesía del XIX. Un amor romántico hacia lo malvado impregna todos y cada uno de los versos del poemario de “Les Chants de Maldoror”, publicado en 1869 por un joven Ducasse de veintidós años que moriría poco tiempo después.  Sumergirse en esta obra es ir aun más lejos que el “Manfred” de Lord Byron, el “Fausto” de Goethe o “Las Flores del Mal” de Baudelaire:  Blasfemia, obscenidad, sadomasoquismo, violencia extrema y misantropía son los elementos que nos encontramos en estos cantos, considerados por muchos, más allá de la irreverencia conceptual que supusieron, un autentico revulsivo para la poesía francesa. Asomarse a esta obra hoy en día sigue sin dejar indiferente…. De esas que se antojan necesarias para quien quiera ir más lejos de una lectura rutinaria. Aquí hay paginas que esconden ese veneno que agrede y atrae al mismo tiempo, con una carga simbólica que trivializa la moral establecida, que cuestiona la bondad intrínseca del ser humano y, en definitiva, manifiesta lo hipócrita de muchas conductas socialmente aceptadas. Letales en las formas y lúcidos en el fondo, estos cantos son de los que merecen una lectura atenta, entre lo aberrante y lo monstruoso… Un ejercicio de irreverencia en toda regla que, a día de hoy, ciento cincuenta y dos años después de ver la luz, sigue conservando su veneno.

“Hice un pacto con la prostitución para sembrar el desorden en las familias.”

Los Cantos de Maldoror Texto 2

Un veneno que Antonio Hernández Palacios degustó y adaptó uno de los poemas de la obra al cómic. Publicado originariamente en Metal Hurlant en 1982 con un color que siempre desagradó al dibujante y pintor madrileño, es ahora cuando Ponent Mon hace justicia a esta obra con una edición en blanco y negro, donde podemos apreciar mejor la majestuosidad que esconden estas páginas. A la vez que nos adentremos en el aberrante mundo que emana de estos cantos podremos recorrerlo a varios niveles, pues está dispuesto texto en cada página par que acompaña a la página dibujada que hace referencia. Todo un lujo para recrearse en la adaptación de Palacios, viendo como trasladó esos oscuros versos a viñetas. A unas viñetas inquietantes y bellas a la vez, con el atractivo de lo prohibido y la excelencia magistral que destilaba el lápiz del maestro.

Para completar la experiencia, Herbert Benítez Pezzolano abre el volumen con un texto dedicado a la figura del poeta – “Isidore Ducasse, huellas y misterios de una vida”- mientras que Luis Alberto de Cuenca pone el broche de oro con el epílogo dedicado al dibujante y pintor madrileño: “En el centenario de Hernández Palacios”. A ello súmese la reproducción de “El Juicio Final”, la pintura que dejó inconclusa Hernández Palacios, de la que podemos contemplar tanto un fragmento de un boceto como la obra tal y como quedó inacabada. Un lujo que pone broche de oro a este volumen, pues esta obra es de propiedad privada, y que, gracias a su actual propietaria, Nines Llorente Llorente, está reproducida en estas páginas.

Los Cantos de Maldoror Texto 3

Con todo lo expuesto se erige este estupendo volumen de 48 páginas editado en cartoné por Ponent Mon, en dimensiones más grandes de lo que es un álbum europeo estándar (240 x 340 mm). La ocasión lo merece. Un clásico que quedaba por editarse de forma digna en la lengua de su autor. Un tesoro para paladares exquisitos. Un tebeo que aúna la literatura refinada e irreverente con la maestría de uno de nuestros maestros del noveno arte. Una delicatessen para gourmets. Una obra para degustar y atesorar…. Disfrútenla. Seguro que, tras su lectura, “Los Cantos de Maldoror” musicados por el lápiz y tinta de Hernández Palacios conquistan un lugar destacado en cualquier tebeoteca que se precie. Son las consecuencias de hacer algo con excelencia atemporal. Esa que mantiene su encanto y embrujo intacto aunque pasen los años

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