The Mighty Crusaders: The Shield #1. ¡Rob sigue en pie!

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No es casualidad que un día como hoy volvamos a centrar la atención en uno de los artistas que despierta con su trazo tantos admiradores como detractores. Se podría indicar que esta reincidencia instaura ya una costumbre. No por burla ni guasa, sino por lo paradójico que resulta que un icono de los noventa, que revolucionó con sus creaciones los tebeos de superhéroes de la época, sea mirado con condescendencia por muchos de los que gastaron su paga semanal en adquirir algunas de las cabeceras de su autoría, que dinamitaron el mercado de superhéroes.

Para bien o para mal, las cifras están ahí. Se podrá criticar su estilo exagerado y desproporcionado, la falta de definición o expresividad de algunos de los rostros que dibuja, lo plano de muchos de los argumentos que desarrolla… Se podrá criticar todo eso, es cierto. Pero no se ha de obviar que lo que hizo el artista que nos ocupa hoy a comienzos de los noventa no es una meta al alcance de cualquiera. Por si hay algún despistado en la sala, decir que nos referimos al bueno de Rob: el único e inconfundible Rob Liefeld.

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Creador de los ya universales Masacre (“Deadpool” junto a Fabian Nicieza) y Cable (junto a Louise Simonson) proporcionó la espectacularidad visual necesaria para fortalecer a la cabecera mutante más débil de aquella época: “The New Mutants”, que pasó a convertirse en “X-Force” con resultados argumentales desiguales pero absoluto éxito en lo monetario. Fundador de Image Comics junto a Todd Mcfarlane, Jim Lee o Erik Larsen, entre otros, su figura representa las huellas esenciales de los noventa en el cómic estadounidense, curiosamente por dos aspectos quizá hasta antagónicos: uno es la capacidad de generar blockbusters tan agresivos como planos en pretensiones literarias. Tebeos cargados de entertaiment y esteroides que daban lo que anunciaban las portadas: acción y argumentos que no inventaban la rueda pero satisfacían a los fans. Por otro lado, cabe resaltar que fue uno de los artistas que rompió con las majors para fundar otra editorial que puso en jaque la tradicional supremacía de Marvel y DC en la industria de cómic norteamericana. Rob Liefeld es historia viva del cómic. Eso es innegable.

Como lo es su personal estilo dibujando. Cuestionado por muchos pero que, indudablemente, es la “marca de la casa” que le ha permitido tener un nombre en la industria. Un nombre que sigue arrastrando fans a los proyectos que participa. Fans que siguen disfrutando de páginas de acción noventera, con sus luces y sus sombras, pero ante todo con el entretenimiento por bandera. Así ha sido en sus últimos proyectos: “G.I.Joe Snake Eyes: Dead Game”, del que ya nos ocupamos hace exactamente un año, y “The Mighty Crusaders: The Shield”, el one-shot publicado por Archie comics el pasado verano que centra nuestra atención hoy.

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Un especial en el que Archie Comics ha recuperado a uno de los personajes clásicos del tebeo norteamericano. “The Shield”, el primer superhéroe patriótico de la historia. Creado por Harry Shorten e Irv Novick, su primera aparición data de enero de 1940 (fecha de portada) en “Pep Comics #1” de la editorial MLJ (que más tarde se conocería como Archie Comics a raíz del éxito del popular personaje que conquistó hasta el nombre de la empresa). Un personaje que ha contado con desigual fortuna a lo largo de sus más de ochenta años de historia y que ha mutado en diferentes encarnaciones, cuatro para ser exactos.

Partiendo de esas cuatro encarnaciones y dejando el protagonismo a Joe Higgins, el “escudo original”, Liefeld nos va a presentar una historia que parte de la premisa de la participación de todas las versiones para brindarnos un comienzo prometedor en términos de entretenimiento. Una premisa que apenas se esboza para llevarnos directamente a un festival de puñetazos y patadas, una “ensalada de golpes” marca de la casa y que sirve para mostrar la vitalidad que cuentan las escenas de acción que dibuja Liefeld. Como guinda, un cliffhanger en toda regla culminan las escasas 18 páginas de la grapa (el resto es publicidad), que deja con ganas de más. Y digo con ganas de más, porque si bien no se está inventando nada nuevo, el tebeo entretiene si aceptas lo que te plantea Liefeld, que se ha acompañado de David Gallaher en tareas literarias y la rotulación de Jack Morelli.

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Cierto es que buscar en un tebeo como éste profundidad argumental es como buscar lírica en el BOE, pero la función de “The Mighty Crusaders: The Shield” es otra: entretener y divertir. Proporcionar la dosis de adrenalina y testosterona para pasar un buen rato. Y eso se consigue. Con la marca de la casa inconfundible de Rob. Ese sello que hace que sus fans lo disfruten a pesar de lo que digan sus muchos detractores. Ese sello que nuevamente deja huella en este tebeo sin pretensiones que demuestra que Rob Liefeld tiene cuerda para rato, que sigue en pie proporcionando entretenimiento. Que puede ser plano, pero es efectivo. Porque no todos los días se busca un drama shakesperiano o una película sesuda, a veces hace falta algo liviano y primario. Un retorno a lo básico, como los tres o cuatro acordes simples de un efectivo rock´and roll primigenio… «That´s all right, ¡mama!” Así que quien no tenga prejuicios está de suerte, este tebeo rockea y lo hace de forma básica y primitiva, pero lo hace.

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